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Archive for 26 mayo 2012

Generar ideas, proyectos, ilusión… es crear vida dentro de la empresa. Vida que se suele convertir en una saludable cuenta de resultados y en un estimulante desarrollo de los profesionales que trabajan en sus empresas. No obstante, un buen líder (habitualmente gran generador de vida profesional) a veces tiene que vestirse de traje de asesino y exterminar actitudes y prácticas que tienen el riesgo de convertirse, o lo han hecho ya, en parte de la cultura de su grupo.

Matar actitudes culturales que hacen peores a las empresas y nos hacen peores a nosotros. En especial, una de las que considero mas perniciosas, la excusa: el argumento que se da para justificar la no realización, en el tiempo asignado, de una tarea o de un proyecto. Aún siendo consciente que, a veces, sólo a veces, hay razones que justifican el incumplimiento de una responsabilidad, también pienso que la mayor parte de las veces las excusas son pequeños tumores que se instalan en una organización y que pueden llevarla a una metástasis cultural.

Las excusas nos debilitan. Destruyen la confianza necesaria en asumir nuevos retos. Relajan mentes, espíritus y ambiciones. La excusa se basa en la mentira, pues normalmente avala el hecho de que no se pudo hacer más. Y sí, siempre se puede hacer más. Como se trata de un comportamiento contagioso, las excusas nos impiden alcanzar nuestros objetivos y asumir de forma adulta nuestras responsabilidades. Son insolidarias pues normalmente se convierten en acusaciones hacia alguien (otro departamento, otro compañero, …).

De la misma manera en que hay países que llevan cientos de años excusando su bajo desarrollo en tal o cual acontecimiento histórico, hay profesionales que acusan a otros de su actual estancamiento cuando en realidad lo que deberían hacer es analizar las causas de su mediocridad.

Urgen, por tanto, despiadados asesinos que maten las excusas de una vez por todas en sus empresas. Carguemos nuestras imaginarias pistolas con balas anti-excusas.

Ahora bien, le sugiero que no pretenda eliminar las excusas de sus colaboradores si usted no les permite participar al tomar decisiones. Si usted es un líder autoritario, no se queje de que sus colaboradores no asuman como propios sus proyectos. En la medida en la que tengan posibilidades de opinar, de defender sus puntos de vista, sus colaboradores no podrán esconderse detrás de las excusas alegando que no tienen recursos, tiempo o conocimiento suficientes para alcanzar sus compromisos.

Otras técnicas para ser un buen asesino de excusas:

  • En caso de un incumplimiento de un compromiso no tolere la excusa. Nunca. Pero escuche alternativas, opciones alternativas de cumplimiento.
  • Cuando comunique que no va a permitir las excusas., diga también que a partir de ahora hay que pensar muy bien los compromisos asumidos. Como en las bodas de las pelis americanas: “El que no hable ahora…”
  • Si su colaborador está seguro que va a haber una desviación sobre los compromisos asumidos, debería decirlo antes del vencimiento del tiempo asignado. Así será mas fácil elaborar planes alternativos.
  • Ayude, enseñe, desarrolle. No asigne proyectos irrealizables. Si quiere credibilidad en su equipo, empiece por usted.
  • Amigo pistolero, apunte y dispare a las excusas. Nunca a las personas.

Las empresas más admiradas, los  profesionales mas respetados poseen la confianza de conseguir cualquier reto al eliminar la palabra “imposible” en su forma de actuar. Usted puede hacerlo también. Lo hará. Sin excusas.

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Les hago este ruego para ser coherente con mi mensaje. Escribo desde el avión y estoy reflexionando sobre mi visita a la librería del aeropuerto. Todavía me sorprende la cantidad de libros dirigidos al mundo empresarial y profesional. Muchos recomiendan técnicas para mejorar habilidades; otros, diseccionan experiencias empresariales exitosas; algunos profundizan en técnicas. procesos, metodologías, sistemas…

“Necesitaría varias vidas para leerlos todos”, pensé. La sección de revistas aseguraba un brillante futuro profesional a través de la mejora continua de mis aptitudes. Las páginas salmón del periódico ofrecían centenares de cursos, conferencias, masters… Somos muy afortunados por tener tantas oportunidades para aprender, no sólo en lo que se refiere a la información disponible sino también a los medíos que están a nuestro alcance: presupuestos de formación. cultura del aprendizaje sólidamente implantada en nuestra civilización, posibilidad de compartir experiencias.

Sin embargo, la situación actual me produce un embrión importante de preocupación. Igual que Don Quijote se volvió loco de tanto leer libros de caballerías, los profesionales corremos el riesgo de convertirnos en meros seguidores de teorías de tanto leer libros empresariales. La cantidad de formación e información puede conducirnos a valorar más la cantidad que la calidad. No dudamos en admirar a los que han conseguido resultados envidiables, empresas que se estudian y analizan en libros y escuelas de negocios. Pero no olvidemos que casi todos esos empresarios que admiramos optaron por construir su propio camino, apartándose a veces de las sendas habituales.

No me entiendan mal. No estoy en contra de todos los medios de formación e información con los que contamos. Pero ante el riesgo de convertirnos en meros adoradores de ideas ajenas, reivindico la necesidad de aprender a desaprender, a imponer la fuerza de nuestras ideas, a cuestionar los planteamientos adquiridos, a desplazar patrones y modelos válidos, a tener la seguridad de que la creatividad no es patrimonio de aquellos que tienen nombre y apellidos en los libros. sino nuestra, de todos.

No soy un gran especialista en arte. Pero imagino que la irrupción del arte abstracto se debe al agotamiento de los modelos clásicos. Una vez que la técnica realista se había perfeccionado en tantas personas, era necesario una nueva forma. de entender el arte. Aquellos que rompieron las reglas. eran en sus inicios grandes pintores realistas. Sin embargo, optaron por ofrecer un nuevo modelo que sacudía las almas de los observadores. De igual manera, puede ser necesario para los profesionales y empresarios salir de la academia y ofrecer a la sociedad nuevos modelos empresariales. En definitiva. más Picassos y menos imitadores de Velázquez (gran revolucionario de la pintura. por cierto}.

No se trata de restar valor a las ideas y técnicas de otros, sino de no menospreciar la fuerza de las nuestras. De ahí la conveniencia de aprender a desaprender, en la medida que el espacio que ocupe en nuestra cabeza la suma de las teorías, técnicas e ideas de otros no sea superior a las que generemos nosotros. Por todo ello. si me atrevo a pedirle algo es que no tenga en cuenta mis palabras. Por favor. no me haga caso. Por favor. escuche sus pensamientos.

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