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Archive for 24 febrero 2012

 

Hace poco leí una reveladora frase de Cervantes: “la humildad es base y fundamento de todas las demás virtudes”. Efectivamente, sin humildad el resto de las virtudes pierden su sentido como modelo de conducta. La frase me hizo pensar (es lo que tienen los genios, remueven conciencias y agitan cerebros). Me pregunté: ¿Cual es el equivalente en el mundo de la empresa? ¿Cual es la característica del liderazgo sin la cual las demás no son tan importantes? Empecé a desglosar las tradicionales potencias del liderazgo y las ordené. Al final, surgió la que para mí es la característica del liderazgo que, si no existe (como la humildad), desvirtúa a todas las demás, las hace más pequeñas.

 

Estoy hablando de la intensidad. Me refiero a la capacidad que tienen algunos lideres de generar un alto grado de energía en su entorno, lo que les permite conseguir más en menos tiempo. Normalmente con menos recursos. La intensidad permite a estos lideres crear círculos virtuosos: solo donde hay un alto nivel de energía se puede alcanzar un alto nivel de compromiso. Son entornos donde todos los componentes de los equipos participan de proyectos motivadores y apasionantes. Entornos que se convierten con mas facilidad en caldos de cultivo para el resto de las características del liderazgo y de la excelencia.

 

¿Como se puede desarrollar la orientación a la intensidad en un líder?

 

  • En primer lugar, partiendo del reconocimiento de que la energía es limitada. Que si queremos aumentarla debemos concentrar esfuerzos. Centrar, concentrar, focalizar.
  • Eliminemos lo superfluo, lo accesorio, lo innecesario. Ser muy intolerante con el desperdicio de energía que se produce en actividades innecesarias.
  • Simplificar. Deje el arte de enredar las cosas a los políticos. En las empresas, necesitamos pocos objetivos, ambiciosos y simples. Se trata de ganar dinero, no de escribir tesis doctorales.
  • Predicar con el ejemplo. Desde que se abolió la esclavitud no esta bien visto hacer trabajar a los demás mientras se mira desde la sombra. La intensidad, como el resto de las características humanas, es contagiosa.

 

Y no se asuste. La intensidad en sí no lleva al infarto de miocardio ni a las depresiones. Como han demostrado estudios científicos, el aburrimiento es mas dañino que el estrés (hay tasas mas altas de depresión y suicidios entre los funcionarios que en el resto de los colectivos). ¿Recuerda cual es la etapa mas feliz de su carrera profesional? ¡Que casualidad! Una época muy intensa, ¿verdad?

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Una de mis novelas favoritas es “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera. Se trata de un hombre que intenta ser él mismo en un contexto social e histórico muy difícil. Aunque el protagonista tiene unos valores morales indudables, por lo que los lectores simpatizamos con él, al mismo tiempo es capaz de causar un grave dolor con su comportamiento a las personas que más quiere. Un personaje contradictorio, que crea emociones encontradas en los lectores.

Esto no va de critica literaria. Trata de un tipo de profesionales cuyo perfil es parecido al protagonista de la maravillosa novela de Kundera. Profesionales que se encuentran con mucha frecuencia en nuestras organizaciones. Profesionales de indudable valía, en muchas ocasiones detentadores de un claro liderazgo, pero que ocasionan un daño intenso para el resto de los profesionales que trabajan con el. Perjuicio que, tarde o temprano sufre la propia empresa que les pagan.

Jose Mourinho. Como ejemplo. Indudablemente un gran entrenador. Acumula en su carrera una cantidad importante de triunfos. Ha ganado un reconocimiento por parte de las gentes del futbol mas que merecido. Sin embargo, esta causando un gravísimo daño a una de las entidades mas prestigiosas del futbol. ¿Por qué? (¿les suena la frase?).

• Este tipo de personalidades anteponen su propio ego, sus propios intereses a los de la entidad para la que trabajan. Siempre. Las empresas están a su servicio, no lo contrario.
• Casi como consecuencia, no son capaces de ser leales mas que a si mismos. Son conocedores de su valor profesional y no dudan de subastar ese valor a la empresa que mejor pague por él.
• Como ellos son el centro casi único de su universo, establecen una relación egocéntrica de la lealtad: Estás conmigo o contra mí. Ni siquiera toleran que sus colaboradores sean más leales a sus organizaciones que a ellos mismos. Un efecto secundario pérfido de este tipo de relaciones es que prefieren colaboradores leales a colaboradores capaces.
• Como son profesionales que están acostumbrados a tener éxito personal no suelen estar dispuestos a negociar, consensuar, involucrar. Se desenvuelven bien en el terreno de la obediencia y la imposición.
• Son lideres que están muy lejanos de la idea de humildad. Son egos poderosos que admiten mal las críticas y las sugerencias. Lao Tsé: “Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad”.

Las empresas y las organizaciones que depositan su confianza en estas personas es normalmente porque normalmente anteponen los resultados a corto plazo a cualquier otra razón. Estas empresas no son conscientes de que estas personas normalmente dejan las organizaciones bastante peor de como las encontraron. Que ser insoportable no es leve.

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Parece que los mayas dijeron que el mundo se va a acabar el 21 de diciembre de este año. Como eran buenos matemáticos y acertaban poco (se atrevieron a predecir el fin del mundo pero no el agotamiento de su propia cultura, que les venía mas a mano), lo que me extraña es que no inventaran las agencias de calificación.

Siempre puede pasar que los mayas se equivocaran. A lo que vamos: supongamos que tenían razón. Que al mundo le faltan dos cortes de pelo. Que solo tenemos unos meses por delante para hacer bien las cosas. Por tanto, es una oportunidad única para dejarnos de tonterías, dejar de ser gobernados por herencias del pasado (tatuajes cerebrales cuyo dibujo nunca elegimos). El poco tiempo que tenemos lo podemos emplear en hacer las cosas bien, de forma valiente, inteligente y sensible.

No me atrevo a sugerirle que lo deje todo y se vaya a una playa paradisiaca a tomar gintonics hasta que llegue el fatídico día pero consideremos el posible fin del mundo como una magnifica excusa para emprender nuevos proyectos. Me permito sugerirle algunos:

1. Deje de tratar a los empleados de su empresa como si fueran disminuidos mentales. Pídales ayuda. Confíe en su talento. Conviértales en emprendedores. Como usted.
2. Reconozca que el elemento humano es el único que garantiza el éxito de una organización a lo largo del tiempo. Una excelente gestión de personas es infinitamente mejor inversión que la mejor tecnología o la más excelsa estrategia. Porque son las personas las que crean y sacan partido a las tecnologías y las estrategias.
3. Deje de pensar con la cabeza de los demás. Teorías inventadas por otros en el pasado fueron garantía de éxito para otros en el pasado. No lo son para usted ahora. ¿Cual debe ser su inspiración entonces? Lo que piensen y lo que sientan sus clientes y sus colaboradores.
4. Atrévase a cambiar: ya sabe, si el mundo se acaba no habrá no habrá ocasión para que nadie le eche la culpa. Si no, seguro se habrá beneficiado de ello.
5. Elimine la política en su organización. Ya ve lo mal que lo hacen los políticos en su propósito de gobernar un país. Imagine el mal que los políticos están causando en su empresa. Cambie los políticos por creadores y por excelentes gestores. Sustituya mandos intermedios por creadores porencimadelamedia.
6. Salga al exterior. Hay millones de clientes fuera de su país. La cultura maya se extinguió por un agotamiento de los recursos en su geografía. Que no nos pase lo mismo.

Si usted pone en marcha estas medidas en su organización antes del 2012, es posible que, a pesar de la crisis, ya no tenga ganas de que el mundo se acabe.

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