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Archive for 19 abril 2010

Tanto el éxito de las empresas como nuestro propio éxito como profesionales va a depender en gran medida de los siguientes factores: hacer cosas diferentes, hacer más cosas que los demás o hacerlas mejor. Para conseguir nuestros fines disponemos de herramientas que nos hacen ser más eficientes y eficaces. Algunas de ellas son las reuniones, el correo electrónico y el teléfono.

¿Estamos seguros que estas herramientas nos hacen mejores? Por supuesto que no. En muchas ocasiones se han convertido en serios asesinos de nuestra eficiencia, de nuestra creatividad, de nuestro tiempo productivo y hasta del tiempo dedicado a nuestra vida personal.

¿Cuántos correos recibe al día? ¿Cuántos de ellos son realmente necesarios para que usted pueda hacer bien su trabajo? ¿Cuántos de ellos sirven para algo más allá de hacerle perder el tiempo? ¿A cuántas reuniones asiste? ¿Qué porcentaje de ellas son realmente útiles?

Seamos sinceros: las reuniones muchas veces son excusas para quién no sabe que hacer con su tiempo. Los correos electrónicos son excusa en tantas ocasiones para aquellos que no saben asumir su responsabilidad (yo eliminaría de los correos la opción Cc “con copia”). El teléfono es utilizado con frecuencia en el ámbito profesional para comentar el último chascarrillo o el partido de la jornada.

Asumamos de una vez que España se encuentra a la cola de Europa en términos de productividad. Asumamos que si todas las empresas tomaran medidas para incrementar nuestra eficiencia un 20% a lo mejor no sería necesario acudir a la vía de los despidos, tragedias individuales que tienen un efecto devastador en la economía del país y de las empresas.

Asumamos que el tiempo que dedicamos a nuestras empresas es pagado por nuestros clientes. Éstos no estarían muy contentos al ver cómo se emplea su dinero en correos, reuniones y llamadas telefónicas inútiles. Hábitos que se han convertido en asesinos en serio de buenos hábitos, de buenas prácticas. Cambiarlo es muy fácil. Si tenemos esa voluntad, claro.

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Me refiero a Florentino Pérez, claro. Me refiero a su gestión como Presidente a tiempo parcial del Real Madrid. A las lecciones que podemos extraer de su estrategia empresarial, de gestión de personas y de liderazgo. Quede claro que mi opinión se muestra cuando todavía las encuestas le son favorables y el Club tiene opciones de ganar la Liga. Dicho lo dicho, personalmente creo que el señor Pérez se ha convertido en un ejemplo de lo que no hay que hacer en una institución que acuna sentimientos. En realidad ya lo hizo en su primera etapa, cuando hizo lo peor que puede hacer un líder: abandonar su equipo en el peor momento. ¿Se imaginan un general abandonando sus tropas porque la batalla no está saliendo cómo el quería? Además, recuerden, los soldados estaban siguiendo el plan de ataque que el mismo había diseñado. Sólo una gestión nefasta del Presidente que le sucedió le permitió volver soterrando los gravísimos errores de su primera etapa. Para cometerlos de nuevo.

Porque una cosa es ganar dinero y otra hacer empresa (en este caso club de fútbol). Las empresas que admiramos permanecen en el tiempo porque son transmisoras de unos valores que son válidos a lo largo de los años. Que saben evolucionar siendo coherentes con los tiempos y con sus propios valores. Contemplo a Florentino como exponente de cómo se han hecho las cosas en España en los últimos años: primando el corto plazo y las individualidades. Queriendo obtener resultados antes que invertir en hacer bien las cosas.

La base de su gestión, en sus dos etapas, ha sido la política “galáctica”, que supone anteponer las individualidades al colectivo. Una política de “nuevo rico” que avergonzaría a Don Santiago Bernabéu: El Club se ha convertido en una trituradora de entrenadores ya que no tenemos un modelo institucional, una política de cantera y un sello propio. Créame, Florentino, los resultados tienen una tendencia casi matemática a ser efímeros cuando la base que los sustentan no son sólidas. Por todo ello, señor Pérez, si no esta dispuesto a preocuparse y ocuparse del Real Madrid como éste se merece, dedíquese a jugar al Monopoly con Iberdrola y prepare su relevo.

Sí, estoy de acuerdo, criticar es más fácil que construir. Por ello le lanzo una propuesta concreta: Ponga en marcha un “Consejo de Administración”, no elegido por usted sino por los socios, cuyos miembros serían elegidos a través de listas abiertas entre socios-candidatos que cumplan requisitos basados en méritos (no financieros). Una especie de Senado Madridista con funciones muy definidas en cuanto a control del Presidente y su Junta y de velar por el respeto a lo largo del tiempo de los valores éticos, deportivos e institucionales del Real Madrid. Crear un Senado que controle que el modelo institucional y el deportivo permanecen en el tiempo independientemente del Presidente, el entrenador o los jugadores que representen al Club en cada momento.

Los grandes hombres (la historia lo demuestra) son los que tienen la visión de limitar su propio poder para beneficiar su institución. Hágalo y se lo agradeceremos.

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