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Archive for 20 marzo 2009

gatoleon

Leíamos recientemente en las noticias que más de 1.200 cargos autonómicos disponen de coche oficial –con su chófer correspondiente. El coche más utilizado no es, evidentemente, un cómodo y barato utilitario, sino el flamante Audi 8. A esos 1.200 coches hay que sumar, naturalmente, los del resto de las Administraciones Públicas (estatales y locales). Sin ir más lejos, el siempre sospechoso Alcalde del pueblo donde vivo (Torrelodones), de apenas 20.000 habitantes, gusta de pasearse con su chófer y su siempre reluciente BMW oficial por un pueblo que podría recorrer andando. Hay quién dice que en España hay unos 30.000 coches oficiales, tantos como en Estados Unidos (casi 7 veces el número de habitantes de nuestro país). Personalmente pienso que es un caso, uno más, de despilfarro del dinero público que, lejos de beneficiar a los ciudadanos, sólo sirve para inflar la pequeña personalidad de los políticos que nos representan.

Llevando la reflexión al ámbito de la empresa encontramos su equivalente a través de la figura de los Importantitos: Especie profesional que habita en los despachos de la mayoría de las empresas y que se caracteriza por el continuo ejercicio de acciones encaminadas a engordar su ego. Ésta tendencia sería ridículamente irrelevante si no fuera porque, al hacerlo, perjudican a las empresas que les pagan. Y a los profesionales que los soportan. Perjuicios que afectan de forma directa al ambiente laboral o la propia imagen de sus empresas.

Reconozca a los Importantitos de sus organizaciones: son incapaces de comunicarse con nadie (excepto, claro está, con sus jefes) si no es a través de su secretaria (o secretarias), llegan siempre tarde a sus reuniones (excepto, claro está, si asisten sus jefes), gustan de hacer esperar (sólo porque sí) a sus visitas, disponen de su agenda y de las demás de forma caprichosa y desconsiderada,… Absurdo, ¿verdad? Pero lo es aún más teniendo en cuenta de que no obtienen, ni ellos ni sus empresas, ningún beneficio por esa forma de actuar. Al hacerlo, únicamente su pequeño ego da saltitos de alegría.

Que conste que no cuestiono su valía profesional. Muchos de ellos son buenos profesionales. Muchos han trabajado muy duro para llegar a tener un despacho y una secretaria (figura que respeto y considero importante). El problema es que, cuando han alcanzado una cierta posición de relevancia, el ejercicio de un cierto poder ha transfigurado su ego hasta convertirlos, en muchos casos, en una caricatura de si mismos. Una mutación que daña. Un perjuicio que es tolerado de forma absurda en las empresas. Quizá porque en muchas ocasiones los Importantitos tienen como jefes a otros Importantitos que moran en despachos más grandes.

Pero en esta historia existe un suceso extraño que extraigo de mi propia experiencia. A lo largo de mi carrera profesional he tenido la fortuna de encontrarme con grandísimos profesionales, excelentes líderes. Juan Soto (Hewlett-Packard) o Paco Román (ex-HP y actualmente Vodafone) , José María Castellano (antes en Inditex y ahora en Ono), … Profesionales reconocidos, que ejercen importantes responsabilidades. Podrían, por ello, manifestarse de forma arrogante. Sin embargo, todos ellos actúan desde la humildad, la cercanía, la más estruendosa normalidad. Lejos de inflar su ego con formalidades absurdas prefieren reforzar el ego de los profesionales que tienen a su alrededor. Lejos de aparentar, son. Porque los importantes no necesitan aparecer como Importantitos.

De vez en cuando te encuentras un ex-Importantito. Ha perdido el trabajo y te pide ayuda. Llega a la cita puntualmente, cita que no ha sido fijada a través de una secretaria, cita que no ha sido cancelada en varias ocasiones. Su pequeño ego ya no pega saltitos. Quizá solo se pregunta cómo pudo haber sido un ego tan egoísta.

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Ya está. Acabo de terminar la primera etapa (a pie, por supuesto) del Camino de Santiago: Roncesvalles a Logroño, unos 145 kilómetros. Es una forma un tanto trabajosa de pasar las vacaciones de Semana Santa, pero creo sinceramente que ha sido una gran experiencia desde muchos puntos de vista: cultural, espiritual, gastronómico… Te ayuda a reflexionar sobre muchos aspectos de tu vida que muchas veces tendemos a sepultar con las presiones del día a día, con las rutinas de nuestros trabajos y nuestras vidas y que emergen con fuerza cuando te enfrentas a los páramos, montañas, inclemencias meteorológicas y las limitaciones del cuerpo sedentario.

Y debo reconocer que entre las enseñanzas de esta experiencia tan rica también he extraído algunas aplicables al mundo empresarial y que me gustaría compartir con vosotros:

• Elige cuidadosamente a tus compañeros del Camino.- Te animarán cuando estés a punto de desfallecer, te aconsejaran para no cometer errores que ellos ya cometieron, podrás complementar tus debilidades (el planificador, el animador, el negociador, el economista, …), … Puede ser sorprendente que en las empresas a veces no damos la importancia que tiene, además de las cualificaciones técnicas o la experiencia, el encaje personal de la persona en el Grupo Social que es la empresa en sí. Tener los compañeros adecuados del Camino multiplica la potencia de las Organizaciones, disminuye la energia gastada en conflictos y genera las dinámicas ganadoras que esperamos de los grupos de trabajo. “Tó er mundo é güeno”, se dice que dicen los andaluces, pero… “¿tó er mundo é adecuao?”.

• Lleva sólo lo justo y necesario en la mochila.- Tengo que confesarles que un gramo de más en la mochila después de 25 kilometros pesa casi como una tonelada. Puede que las Organizaciones tengan cierta tendencia a echar en la mochila cosas que en un determinado momento te arrepientas de haberlas incorporado al viaje: niveles jerárquicos, presentaciones y estudios que desde que comienzan tienen por destino el olvido, análisis estratégicos que desvian la atención y restan foco a los aspectos realmente importantes del negocio. ¿Reconoce usted algo en su mochila o en la de su Organización que realmente ocupa espacio, pesa, pero no tiene utilidad?

• Trata adecuadamente a todo el mundo que encuentres en el Camino.- Sí, quizás sean competidores (por obtener una mejor cama en el Albergue) o quizá pueda parecer que no aporten nada. Pero en realidad nunca sabes. Puede ser que aquella persona a la que no presté demasiada atención cuando estaba lloviendo y a la que no pregunté si necesitaba ayuda, puede ser la misma a la que le voy a tener que pedir una tirita para la terrible ampolla que me salió en el pie. En ocasiones, en las empresas, solo reparamos en aquellas personas de las que podemos obtener beneficios. Y generamos dinámicas de insolidaridad en las que todos perdemos. Quizá no es justo. Quizá no es inteligente.

• Marca objetivos ambiciosos.- ¿Pero por qué hemos tenido que marcar una etapa de 28 kilometros, si a los 18 kilómetros ya me dolía todo? Si además, teóricamente, se trata de un viaje placentero. Pues porque es una forma realista de llegar al objetivo final, porque es estimulante, porque mucho más intenso que el dolor de los pies es la satisfacción de haber llegado al Objetivo, porque es más motivante, porqué así es la vida, que da más a quién mas ofrece. Finalmente, porque el dolor de pies ya se me fue; pero todavía permanece en mí la satisfacción de haber alcanzado el objetivo que nos marcamos. Esto es lo que aprendí haciendo una etapa del Camino de Santiago. Me considero afortunado: me ayudo a aprender, disfrutar, reflexionar, compartir… Y por eso quería compartirlo con vosotros, y yo también os deseo un “¡Buen Camino!”. Sea cual sea el que elijais.

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