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Archive for 30 octubre 2010

Felicidades, Maestro

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Hay muchas empresas y profesionales que no entienden bien el impacto de las Redes Sociales. Incluso muchas están poniendo cortapisas a su uso. Como el teléfono o el correo electrónico, las redes sociales se pueden utilizar con óptimos propósitos y resultados o como… un cubo de basura de tiempo. Eduquemos a nuestra gente sobre su uso. Canalicemos sus intereses y su creatividad. No nos arrepentiremos.

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Este es un país en el que es muy fácil encontrar posturas opuestas. Posturas que en algunas ocasiones, tornándose extremas, nos han llevado incluso a desgarradoras guerras civiles. Pero no se preocupen. No les aburriré hablando de política. Aunque es cierto que la existencia de las dos Españas suele circunscribirse al terreno de la política, yo encuentro su inquietante presencia en algo que nos es más inmediato, más cotidiano, más real.

Quiero decir que también existen dos Españas en el terreno laboral: una, es la España de los profesionales que dedican todos los días innumerables horas a trabajar, con una presión que a veces parece insoportable, que apenas les deja espacio para disfrutar de una vida privada que sólo parece que pueda existir en el momento de la jubilación (cada vez más lejana, por cierto).

La otra España es diferente. Los españoles que viven en ella disfrutan de jornadas laborales mucho más cortas, más días de vacaciones (o moscosos, o-lo-que-sea), de tratamiento más relajado del absentismo. Es obvio que gran parte de estas personas trabajan en las empresas públicas, casi-públicas o anteriormente públicas. Y créanme: no es una crítica hacia los profesionales que trabajan en ellas. En la mayor parte de los casos, estas personas son también víctimas, ya que el sistema en el que trabajan no les permite desarrollar todo su potencial. No encuentran el estímulo adecuado para que alcancen un mayor nivel de compromiso que les llevaría a trabajar más y mejor.

La vida de los que moran en la España de numerosas horas de trabajo y de gran presión se ha agravado con la crisis. Como se han despedido a muchos compañeros, los supervivientes tienen que asumir la carga de trabajo de los ausentes. Su situación, lejos de mejorar, se ha agravado. La crisis no ha afectado prácticamente a los que viven en la otra España. Por eso las diferencias se hacen cada vez más intensas.

Unos casi a límite de sus fuerzas, los otros infrautilizados (por tanto, infravalorados). No es posible que mantengamos un país con cargas de trabajo tan descompensadas. Muchos trabajando catorce horas al día y otros muchos catorce horas (reales) a la semana.

Hagamos cuentas: si sumamos el número de trabajadores públicos o semi-públicos a los desempleados (la forma más dramática de ser infrautilizado), más todos aquellos que de una forma u otra no llegan a una jornada laboral de cuarenta horas, llegaremos a la conclusión de que se trata de un grupo que excede el 50% de la población activa del país. ¿Sería posible que este colectivo incrementase su productividad un, digamos, 10%? Más riqueza, más productividad, más empleo, menos impuestos. Esa espiral conduciría directamente a una mejora del mercado laboral que beneficiaría, sin duda, las condiciones de trabajo de los habitantes de la otra España.

O quizá sea posible otra España. Quizá más pequeña (media España). Habitada por profesionales comprometidos, inmersos en proyectos ambiciosos, compensados adecuadamente, que dedican a su vida laboral una jornada que les permite disfrutar de su vida personal al tiempo que se realizan profesionalmente. Trabajando en un entorno productivo y motivante. Esa España existe en muchas empresas que han alcanzado un equilibrio adecuado que les va a permitir ser punteras en el presente y en el futuro. Lamentablemente, son la minoría.

El famosísimo poema de Machado empezaba diciendo: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere, y otra España que bosteza”. Seamos inteligentes, seamos apasionados. Construyamos una España laboral que ni muera (de cansancio) ni bostece.

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