Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 16 julio 2009

mapamundiQuizá le sean familiares esos relatos y películas de ciencia-ficción en los que las empresas han adquirido tanto poder que sus dirigentes manejan el mundo a su antojo. Escenarios apocalípticos en los que unos héroes luchan contra el poder despótico de las enormes organizaciones que han crecido tanto que han incorporado a su gran poder económico el control político y paramilitar de los ciudadanos. ¿Estamos seguros de que solo se trata de ciencia-ficción? Aquellos que opinan que estamos cada vez más cerca de que la ficción se acerque a la realidad no son únicamente jóvenes anti-sistema. Sólo por una razón: ni soy joven ni soy anti-sistema y yo también creo que el riesgo es cada vez más real.

La situación no es nueva ni mucho menos. Durante el siglo XX grandes corporaciones han influido en la creación o derogación de leyes para proteger sus intereses económicos. Han financiado campañas de políticos para controlar su acción de gobierno una vez salieran elegidos Presidentes (a veces les sale rana, como ha sucedido a una empresa española que ayudó financieramente la campaña electoral de Hugo Chaves, distando mucho éste de ser agradecido en su comportamiento posterior). Democracias tan sólidas como la norteamericana permite que lobbies, cuya única misión es proteger en Washington los intereses económicos de las empresas que defienden, financien más o menos descaradamente los partidos políticos y sus candidatos. Muchas veces en contra de los intereses de los ciudadanos que representan (la guerra de Iraq, sin ir más lejos).
En España hemos visto en los últimos años como en cientos de casos las decisiones que se tomaban, por ejemplo en política urbanística, eran dirigidas por empresas con intereses inmobiliarios. Decisiones como poco sospechosas, en muchos casos ilegales, en pocas ocasiones probadas (casi nadie ha tenido interés en llevarlas a los Tribunales). La corrupción, que enriquecía no sólo a muchos empresarios sino también a numerosos ediles y funcionarios públicos, era conocida por todos. Gobernantes que, de alguna manera, se encuentran en la nómina de empresas.
Como dijo alguien, a las empresas solo les faltaba recaudar impuestos para convertirse poco a poco en países dentro de otros países¿ Exactamente lo que está sucediendo ahora. No me refiero al caso de la SGAE (Sociedad General de Autores de España), entidad privada que recauda impuestos a través del canon digital. La SGAE se encuentra además en una situación privilegiada sobre las entidades públicas, ya que no está obligada a que sus cuentas auditadas sean públicas.

En realidad, las empresas recaudan impuestos a través de la acción social que realizan a través de sus actividades de Responsabilidad Social Corporativa. A través de ellas, las empresas emprenden acciones de naturaleza social que deberían ejercer las instituciones públicas (que para eso pagamos nuestros impuestos). Todos sabemos que las empresas lo hacen para mejorar su imagen en la sociedad. Pero es lo que pasa cuando los propósitos no son verdaderos: no nos los creemos. Lo haríamos si el dinero que financia las acciones de la RSC saliera del bolsillo de los profesionales que trabajan en esas empresas (los ejecutivos los primeros, para predicar con el ejemplo) o de los beneficios de las mismas (a través de los dividendos: salario de los accionistas).

Eso no sucede. Las acciones de RSC son considerados por las empresas como un gasto más de la estrategia de Marketing, como el patrocinio de un evento deportivo o el lanzamiento en medios de un nuevo producto. El dinero sale de los consumidores (que de otro modo podrían haberse beneficiado de la ausencia de ese ¿impuesto¿ en la mejora del precio del producto o de la calidad del mismo). Por otra parte, en ocasiones se dedica más dinero a promocionar las acciones sociales que se ponen en marcha que a las mismas acciones en sí. A ese nivel de hipocresía se puede llegar.
Pura imagen, poca autenticidad. Es tan así que una de las personas más desalmadas, con menos escrúpulos éticos y morales que conozco es el Director de RSC de una gran empresa que no está en la India ni en Texas, sino en Galicia. Puede que el argumento final es que aunque los propósitos no sean legítimos siempre es bueno que las empresas emprendan proyectos sociales. Que todo lo que sea sumar, bien está. Quienes piensan eso también admitirán que las empresas tengan una injerencia directa en otros asuntos que deberían ser reservados al poder público, como el ejército o la creación de leyes. Yo prefiero que los gobiernos ejerzan su naturaleza (que hagan un buen uso de nuestros impuestos a través de la acción social) y las empresas la suya (que nos ofrezcan buenos productos y servicios en libre e intensa competencia). La tentación de que unos invadan el espacio de los otros es demasiado fuerte.

Evitémoslo. Si no, ya podemos ir eligiendo la empresa en la que viviremos en el futuro.

Anuncios

Read Full Post »

20.35302_dTodavía no sé muy bien que le ha atraído a leer este artículo. Quizá haya sido el título. Usted se ha dado cuenta de inmediato que me refiero a la necesidad de limitar el exceso (less=menos) de jerarquía (top) en la empresa. (Nada que ver, pues, con esa costumbre que tienen algunos hombres y bastantes mujeres de descubrir su torso en las playas). Sugerir top-less en la empresa significaría promover organizaciones en las que hubiese menor obsesión por las jerarquías. Trataré de explicarlo.
Hemos construido una sociedad en la que el ciudadano cada vez es más libre y tiene más criterio para decidir. Una sociedad en la que millones de personas pueden construir opinión a través de sus blogs (no sólo los pocos editorialistas de los medios de opinión). Los ciudadanos elegimos a las personas que nos gobiernan (toleramos mal las dictaduras o las monarquías absolutistas). Elegimos a las empresas proveedoras de servicios (recientemente se han incorporado a la libre competencia las empresas eléctricas), a nuestros socios, nuestras relaciones, …
Estamos bien informados. Bien educados. Somos libres y, en general, hacemos buen uso de nuestra libertad. Aunque sigue habiendo un reducto en el que las opiniones se excluyen, la participación se veta y el criterio de funcionamiento es el mandato. Donde la recompensa va en función no de la contribución real del individuo sino de la posición que ocupa en el escalafón. Efectivamente ese lugar es la empresa.
El coste de las jerarquías es muy alto. En primer lugar, se crean reductos de poder en los que comienzan a primar más los intereses personales que los comunes de empresa. Los jefes tienen una tendencia innata a confundir los intereses de su carrera profesional con los de la empresa que les paga. Orientados a mantener o incrementar su status. En segundo lugar, la información fluye menos libremente cuanta más jerarquía hay en una empresa. La información se convierte en moneda de cambio, de negociación. Por otra parte, las organizaciones jerárquicas tienden al control y a la autoridad. Cuando todos sabemos que cuanto más control y autoridad haya, menos creatividad y compromiso existe.
Porque no deberíamos confundir jerarquía con liderazgo. Los líderes invitan, proponen, crean entornos de libertad y creatividad. No necesitan utilizar sus galones ni excesivos procedimientos de control. En términos de dirección, lo bueno es enemigo de lo mucho. Muchos directivos no garantizan la excelencia de la empresa. Mucho liderazgo si lo hace. Un profesional no es mejor por tener muchos jefes sino por tener uno bueno.
¿Cuál es la alternativa a una organización jerárquica? Una empresa con pocas estructuras, basada en los equipos, que recompense la responsabilidad real y no los galones, con múltiples canales de comunicación, orientada a resultados. Los (pocos) responsables sobre gestión de personas fomentan la autonomía, la creatividad, la responsabilidad. Ayudan a definir proyectos y contagian su entusiasmo por ellos. Ponen su inteligencia al servicio de la inteligencia de su equipo y no al revés.
Empresas que practican el top-less. Con este calor hasta apetece un poco, ¿no?

Read Full Post »