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Archive for 23 junio 2010

Abres un periódico. Enciendes la televisión. Recibes una llamada. Tomas un café con alguien. Siempre el mismo resultado, la misma sensación. Eres fuente, foco y destino de frustraciones, presión, mal rollo. La economía, la política, tu empresa, tu carrera,… parece que se han introducido en un pozo que huye rápidamente de la luz. Se hunden sin que nada ni nadie sea capaz de ayudar a evitar el golpe definitivo. Todo ha sido tan repentino, tan inesperado, tan injusto.

“Acabo de perder el trabajo”. “Mi empresa está a punto de desaparecer y no tengo para pagar las nóminas de este mes”. “Tengo casi 60 años y nadie me va a contratar”. “Mi carrera se estancó hace unos años y no creo que vaya a mejorar”. Todos podemos escribir una frase que ocupa el negro titular del periódico de nuestra vida. Eso, sin tener en cuenta las posibles circunstancias personales que pueden influir también negativamente.

Sin embargo, … cuando somos capaces de poner algo de distancia y contemplar el entorno desde nuestra propia percepción de las cosas y no desde las noticias que nos agobian, nos damos cuenta de que la realidad no es tan negra. Asómate a una ventana: el mundo está lleno de colores, de seres que buscan y merecen la felicidad, de sensaciones que la vida nos regala y que tenemos la responsabilidad de disfrutar. Hay mil millones de razones para seguir peleando, para conseguir nuestros objetivos, para no defraudar a todas las personas que apostaron por nosotros, empezando por aquella a la que debemos más respeto: tú mismo.

Dicen que un pesimista es un optimista bien informado. No les quito la razón (aunque tampoco se la doy). Por eso prefiero ser realista: los profesionales y los empresarios de este país han sido capaces (armados sólo con su capacidad de trabajo, imaginación y ambición) de llevarlo a unos niveles de prosperidad impensables hasta hace pocos años. Bien formados, bien orientados, hemos llegado a ser admirados en cualquier parte del mundo por esa mágica combinación de energía, determinación y excelencia técnica.

De repente se nos ha olvidado quienes somos, lo que hemos hecho, de lo que somos capaces. Vino la crisis. Lo que parecía positivo y fácil tornó demencial e imposible. Terminando por afectar la forma en que nos valoramos a nosotros mismos. Sin tener en cuenta que el éxito y el fracaso son caras opuestas de la misma moneda, la que tenemos que utilizar en cualquier caso para comprarle el mapa de ruta al Destino.

Por eso se me ocurre recomendarte algo. Quizá pueril, pero que a mí me ha ayudado a cambiar contablemente la forma de dirigir mi actividad profesional: Cada vez que recibas una mala noticia, una queja, una crítica amarga de la situación (lo que constituiría el Debe de nuestro imaginario Libro de Contabilidad) escribe algo en un papel que te haga feliz: cómo fue la última sonrisa de tu hijo, el agradecimiento de un cliente o de un empleado, la pieza de música que te ha emocionado, el tacto de la caricia de tu pareja o el minuto que has paseado bajo los árboles mientras te dirigías al trabajo, … Te aseguro que vas a encontrar miles de motivos para incorporar a tu valioso Haber Vital.

Mil millones de razones para cambiar la visión negativa que hemos ido incorporando a nuestra vida últimamente. Mil millones, tantas como el número de potenciales sonrisas que acariciarán el aire.

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É um prazer.

Obrigado.

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A veces pasan cosas que en un primer momento producen sorpresa y, luego de una más profunda reflexión, generan una honda preocupación. Me explico: en la tele había un concurso de baile para famosos. En él, entre otros, participaba ese personaje que aparece en los programas de corazón por tener no-se-qué problemas con un torero y con el pollo que se come su hija. El personaje es Belén Esteban (si usted sabe quién es, no disimule). La señora Esteban no es una persona especialmente dotada para el baile. Más bien podríamos decir que si Fred Astaire la hubiese visto bailar de niño seguramente hubiese elegido ser bombero en vez de bailarín.

A lo que vamos. Aparte de sus negadas aptitudes, la señora Esteban parece que tampoco se esforzaba mucho para mejorar. Mientras, a su lado, otros compañeros famosos, no sólo bailaban mucho mejor sino que mostraban una más o menos esperanzadora evolución de un programa a otro.

Sin embargo, la Esteban ganó. Por medio de una votación popular. Y ahí comenzó mi preocupación. Me da la impresión de que la idea del mérito se está debilitando en la sociedad. Que el verbo “merecer” se está pasando de moda. Crecimos en un ambiente en el que si estudiabas, te esforzabas, o tenías la buena suerte de ser listo o tener buena memoria, merecías ser aprobado. Que si hacías el bien durante tu vida merecías ir al cielo. Si trabajabas mucho y bien merecías tener una buena carrera profesional.

Las cosas parecen haber cambiado. Mucho. Se está construyendo una tabula rasa educacional que iguala a todos los estudiantes en la mediocridad y no en la excelencia. En las empresas es cada vez más importante gestionar la imagen, en vez de crear bases profundas de profesionalidad y esfuerzo. Además, ya se encargan los sindicatos de torpedear en la medida de lo posible cualquier iniciativa que huela a mérito. En cuanto a la política… mejor otro día.

Quizá el merito no esta de moda porque este alude a esfuerzo. Y esta es una sociedad cuyos miembros quieren obtener todo sin esfuerzo. Olvidando que hay otra palabra que esta asociada al mérito, la recompensa.

Entiendo que el famoso concurso de baile es un espectáculo. Que no es una cosa seria. Pero no dejo de pensar que es el síntoma de lo que estamos viviendo. Que la situación política económica y política que tenemos es la que nos merecemos. Quitémonos la máscara: ¡démosle la Medalla al Trabajo a Belén Esteban!

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