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Archive for 14 octubre 2011


“¡Qué ganas tengo de jubilarme!” Es muy probable que haya oído esta frase muchas veces. Quizás en los últimos tiempos con mayor frecuencia, con mayor deseo. Las crisis tienen muchas víctimas. Una de ellas, de las que tiene un mayor efecto devastador, es la derrota del ánimo. Los profesionales piensan y sienten que no merece la pena hacer tanto esfuerzo. Trabajar más para conseguir menos.

Por ello, la jubilación se convierte en la salida más deseada a la crisis. Aspiramos a llegar a tener la edad adecuada para que los ahorros del Estado y los propios nos permitan salir de la presión, los madrugones, el miedo al despido, los presupuestos y los jefes incompetentes. Nuestros sueños, nuestra aspiraciones laborales, empiezan a ser… no tener ninguna aspiración laboral.

Sin ser conscientes de que la jubilación es la muerte… profesional. El fin de una parte importante de nuestra vida.

Afortunadamente muy pocas personas, en su esfera personal, escogen la vía de la muerte para superar los sinsabores de la vida. La mayor parte de nosotros optamos, cuando lo pasamos mal, por sufrir y aprender. Y fijar la mirada en el futuro. Casi nadie dice: “¡que ganas tengo de morirme!”. Sabemos que la muerte es el fin de la existencia (al menos, en este mundo) y preferimos alargarla al máximo, a pesar de que somos conscientes de que nuestra vida no es sólo un lecho de rosas.

Creo que el mismo sentido de relativizar las cosas buenas y las malas que nos suceden en nuestra esfera personal lo debemos aplicar en nuestra esfera profesional. Fundamentalmente, porque pensar en la jubilación nos conduce a empezar a morir profesionalmente. Y eso se nota. Nuestro animo, nuestra energía, la proyección de querer hacer cosas, disminuye claramente cuando empezamos a pensar (y hablar) en nuestra jubilación.

Por demás, entiendo necesario que centremos nuestra energía en lo que nos falta de vida profesional. Que busquemos estímulos (mas internos que externos, por cierto). Que nos construyamos un sistema de recompensas. Buscar el sentido que se esconde en cada proyecto, en cada actividad. Pensar en las personas a las que podemos ayudar mientras dure nuestra actividad profesional.

Por otra parte, las empresas deben ir pensando en como responder a una de los acontecimientos que más van a afectar la economía en los próximos años: la crisis demográfica y laboral que ocasionará el masivo envejecimiento de la población. ¿Cómo vamos a motivar a los profesionales maduros, de los que no vamos a poder prescindir?

Vivir la vida (profesional) pensando en la muerte (profesional) no es buena estrategia. Prejubilarse mentalmente sólo es garantía de empeorar los últimos años. Faltan muchos años, meses, semanas, días, minutos… Disfrútelos. El trabajo es una parte importante de su vida. No la desperdicie.

P.S.- Dedicado a Steve Jobs, quien recomendaba vivir cada día como si fuese el último. No llego a jubilarse, pero nos dejó un maravilloso legado.

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