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Archive for 22 septiembre 2008

El dicho “a las duras y a las maduras” refleja uno de los principios más importantes a la hora de mantener una relación a largo plazo, sea cual  sea la relación de que se trate. Es un principio valioso porque las dos partes (personas o instituciones) asumen que el compromiso que les une seguirá firme cuando aparezcan dificultades. Son éstas, al fin y al cabo, las que suelen medir la calidad de las relaciones. Cuando todo va bien, cuando todo es bonito, … es muy fácil ser socio, compañero, amigo, amante… Cuando surgen los problemas aparecen los propios intereses, la desconfianza, el miedo. Una potente combinación que pone en riesgo las relaciones.

Ahora, dicen, hay una crisis económica. Después de tantos años de crecimiento, las cosas parecen ir a peor. Y, como consecuencia, por todos los lados surgen noticias de despidos. Profesionales que hasta hace poco eran válidos empaquetan sus objetos personales y tienen que irse a casa, desde donde tienen que enfrentarse a un destino incierto. Incertidumbre que afecta no solo a sus carreras sino también a sus familias, hipotecas, …

No quisiera llevarle a confusión. No estoy en contra de los despidos. Creo que es una trágica medida a la que hay que acudir cuando no hay más remedio. Siempre que sea necesario para el bien común que representa la empresa. Por otra parte, de la misma manera que pienso que, sin razones de crisis económica de por medio, un despido es causa de un mal proceso de selección, también pienso que los despidos en situación de crisis están causados por directivos que son incapaces de encontrar una mejor solución. Por ello, más que cuidar a sus trabajadores a las duras y a las maduras, quién acude a los despidos indiscriminados son duros, pero no maduros.

Son los mismos que apenas unos meses antes se les llenaba la boca diciendo que las personas, el capital humano, son el activo más importante de la empresa. Si así fuera… ¿por qué desprenderse del activo más importante en un momento delicado? ¿No hay otros activos menos importantes? Empresas que hace poco pregonaban su política social a través de propagandistas medidas de conciliación de la vida laboral y personal acuden alegremente ahora a despidos en masa (quizá no hay nada más conciliatorio con la vida familiar que dejar en su casa todo el día a sus antiguos colaboradores).

No se quejen aquellos que reclaman más compromiso a sus empleados. El compromiso en la empresa nace, como en cualquier otra relación humana, de la coherencia entre las palabras y los actos. Me parecen más honestos las empresas que no acuden a la demagogia y que no pretenden mas lealtad que la que se compra con dinero, que aquellas que intentan enmascarar con acciones de marketing sus desalmadas intenciones.

Un despido debiera ser la ultima opción, no la primera (como está pasando en muchos casos). Los que tenemos el poder de decisión sobre los despidos somos los que tenemos la responsabilidad de evitarlos (con una buena selección, con un desarrollo adecuado, con una adecuada planificación de los recursos). Somos los mismos que teníamos el deber de hacer los cambios oportunos cuando las cosas iban bien y no lo hicimos.

No hay en mis palabras, créame, ningún tinte ideológico. Lo que digo lo pienso desde un punto de vista meramente empresarial. Creo que una plantilla motivada y comprometida alcanza unos resultados extraordinarios. Los profesionales esperan que sus líderes sean sensibles y coherentes. Estarán dispuestos a que se les exija el máximo siempre que se les trate adecuadamente. En los momentos buenos y en los malos. Si así lo hacemos, participarán de nuestras maduras decisiones. Si no, tarde o temprano nuestro duro comportamiento será correspondido.

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