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Posts Tagged ‘Compromiso’

Generar ideas, proyectos, ilusión… es crear vida dentro de la empresa. Vida que se suele convertir en una saludable cuenta de resultados y en un estimulante desarrollo de los profesionales que trabajan en sus empresas. No obstante, un buen líder (habitualmente gran generador de vida profesional) a veces tiene que vestirse de traje de asesino y exterminar actitudes y prácticas que tienen el riesgo de convertirse, o lo han hecho ya, en parte de la cultura de su grupo.

Matar actitudes culturales que hacen peores a las empresas y nos hacen peores a nosotros. En especial, una de las que considero mas perniciosas, la excusa: el argumento que se da para justificar la no realización, en el tiempo asignado, de una tarea o de un proyecto. Aún siendo consciente que, a veces, sólo a veces, hay razones que justifican el incumplimiento de una responsabilidad, también pienso que la mayor parte de las veces las excusas son pequeños tumores que se instalan en una organización y que pueden llevarla a una metástasis cultural.

Las excusas nos debilitan. Destruyen la confianza necesaria en asumir nuevos retos. Relajan mentes, espíritus y ambiciones. La excusa se basa en la mentira, pues normalmente avala el hecho de que no se pudo hacer más. Y sí, siempre se puede hacer más. Como se trata de un comportamiento contagioso, las excusas nos impiden alcanzar nuestros objetivos y asumir de forma adulta nuestras responsabilidades. Son insolidarias pues normalmente se convierten en acusaciones hacia alguien (otro departamento, otro compañero, …).

De la misma manera en que hay países que llevan cientos de años excusando su bajo desarrollo en tal o cual acontecimiento histórico, hay profesionales que acusan a otros de su actual estancamiento cuando en realidad lo que deberían hacer es analizar las causas de su mediocridad.

Urgen, por tanto, despiadados asesinos que maten las excusas de una vez por todas en sus empresas. Carguemos nuestras imaginarias pistolas con balas anti-excusas.

Ahora bien, le sugiero que no pretenda eliminar las excusas de sus colaboradores si usted no les permite participar al tomar decisiones. Si usted es un líder autoritario, no se queje de que sus colaboradores no asuman como propios sus proyectos. En la medida en la que tengan posibilidades de opinar, de defender sus puntos de vista, sus colaboradores no podrán esconderse detrás de las excusas alegando que no tienen recursos, tiempo o conocimiento suficientes para alcanzar sus compromisos.

Otras técnicas para ser un buen asesino de excusas:

  • En caso de un incumplimiento de un compromiso no tolere la excusa. Nunca. Pero escuche alternativas, opciones alternativas de cumplimiento.
  • Cuando comunique que no va a permitir las excusas., diga también que a partir de ahora hay que pensar muy bien los compromisos asumidos. Como en las bodas de las pelis americanas: “El que no hable ahora…”
  • Si su colaborador está seguro que va a haber una desviación sobre los compromisos asumidos, debería decirlo antes del vencimiento del tiempo asignado. Así será mas fácil elaborar planes alternativos.
  • Ayude, enseñe, desarrolle. No asigne proyectos irrealizables. Si quiere credibilidad en su equipo, empiece por usted.
  • Amigo pistolero, apunte y dispare a las excusas. Nunca a las personas.

Las empresas más admiradas, los  profesionales mas respetados poseen la confianza de conseguir cualquier reto al eliminar la palabra “imposible” en su forma de actuar. Usted puede hacerlo también. Lo hará. Sin excusas.

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Una de mis novelas favoritas es “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera. Se trata de un hombre que intenta ser él mismo en un contexto social e histórico muy difícil. Aunque el protagonista tiene unos valores morales indudables, por lo que los lectores simpatizamos con él, al mismo tiempo es capaz de causar un grave dolor con su comportamiento a las personas que más quiere. Un personaje contradictorio, que crea emociones encontradas en los lectores.

Esto no va de critica literaria. Trata de un tipo de profesionales cuyo perfil es parecido al protagonista de la maravillosa novela de Kundera. Profesionales que se encuentran con mucha frecuencia en nuestras organizaciones. Profesionales de indudable valía, en muchas ocasiones detentadores de un claro liderazgo, pero que ocasionan un daño intenso para el resto de los profesionales que trabajan con el. Perjuicio que, tarde o temprano sufre la propia empresa que les pagan.

Jose Mourinho. Como ejemplo. Indudablemente un gran entrenador. Acumula en su carrera una cantidad importante de triunfos. Ha ganado un reconocimiento por parte de las gentes del futbol mas que merecido. Sin embargo, esta causando un gravísimo daño a una de las entidades mas prestigiosas del futbol. ¿Por qué? (¿les suena la frase?).

• Este tipo de personalidades anteponen su propio ego, sus propios intereses a los de la entidad para la que trabajan. Siempre. Las empresas están a su servicio, no lo contrario.
• Casi como consecuencia, no son capaces de ser leales mas que a si mismos. Son conocedores de su valor profesional y no dudan de subastar ese valor a la empresa que mejor pague por él.
• Como ellos son el centro casi único de su universo, establecen una relación egocéntrica de la lealtad: Estás conmigo o contra mí. Ni siquiera toleran que sus colaboradores sean más leales a sus organizaciones que a ellos mismos. Un efecto secundario pérfido de este tipo de relaciones es que prefieren colaboradores leales a colaboradores capaces.
• Como son profesionales que están acostumbrados a tener éxito personal no suelen estar dispuestos a negociar, consensuar, involucrar. Se desenvuelven bien en el terreno de la obediencia y la imposición.
• Son lideres que están muy lejanos de la idea de humildad. Son egos poderosos que admiten mal las críticas y las sugerencias. Lao Tsé: “Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad”.

Las empresas y las organizaciones que depositan su confianza en estas personas es normalmente porque normalmente anteponen los resultados a corto plazo a cualquier otra razón. Estas empresas no son conscientes de que estas personas normalmente dejan las organizaciones bastante peor de como las encontraron. Que ser insoportable no es leve.

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El dicho “a las duras y a las maduras” refleja uno de los principios más importantes a la hora de mantener una relación a largo plazo, sea cual  sea la relación de que se trate. Es un principio valioso porque las dos partes (personas o instituciones) asumen que el compromiso que les une seguirá firme cuando aparezcan dificultades. Son éstas, al fin y al cabo, las que suelen medir la calidad de las relaciones. Cuando todo va bien, cuando todo es bonito, … es muy fácil ser socio, compañero, amigo, amante… Cuando surgen los problemas aparecen los propios intereses, la desconfianza, el miedo. Una potente combinación que pone en riesgo las relaciones.

Ahora, dicen, hay una crisis económica. Después de tantos años de crecimiento, las cosas parecen ir a peor. Y, como consecuencia, por todos los lados surgen noticias de despidos. Profesionales que hasta hace poco eran válidos empaquetan sus objetos personales y tienen que irse a casa, desde donde tienen que enfrentarse a un destino incierto. Incertidumbre que afecta no solo a sus carreras sino también a sus familias, hipotecas, …

No quisiera llevarle a confusión. No estoy en contra de los despidos. Creo que es una trágica medida a la que hay que acudir cuando no hay más remedio. Siempre que sea necesario para el bien común que representa la empresa. Por otra parte, de la misma manera que pienso que, sin razones de crisis económica de por medio, un despido es causa de un mal proceso de selección, también pienso que los despidos en situación de crisis están causados por directivos que son incapaces de encontrar una mejor solución. Por ello, más que cuidar a sus trabajadores a las duras y a las maduras, quién acude a los despidos indiscriminados son duros, pero no maduros.

Son los mismos que apenas unos meses antes se les llenaba la boca diciendo que las personas, el capital humano, son el activo más importante de la empresa. Si así fuera… ¿por qué desprenderse del activo más importante en un momento delicado? ¿No hay otros activos menos importantes? Empresas que hace poco pregonaban su política social a través de propagandistas medidas de conciliación de la vida laboral y personal acuden alegremente ahora a despidos en masa (quizá no hay nada más conciliatorio con la vida familiar que dejar en su casa todo el día a sus antiguos colaboradores).

No se quejen aquellos que reclaman más compromiso a sus empleados. El compromiso en la empresa nace, como en cualquier otra relación humana, de la coherencia entre las palabras y los actos. Me parecen más honestos las empresas que no acuden a la demagogia y que no pretenden mas lealtad que la que se compra con dinero, que aquellas que intentan enmascarar con acciones de marketing sus desalmadas intenciones.

Un despido debiera ser la ultima opción, no la primera (como está pasando en muchos casos). Los que tenemos el poder de decisión sobre los despidos somos los que tenemos la responsabilidad de evitarlos (con una buena selección, con un desarrollo adecuado, con una adecuada planificación de los recursos). Somos los mismos que teníamos el deber de hacer los cambios oportunos cuando las cosas iban bien y no lo hicimos.

No hay en mis palabras, créame, ningún tinte ideológico. Lo que digo lo pienso desde un punto de vista meramente empresarial. Creo que una plantilla motivada y comprometida alcanza unos resultados extraordinarios. Los profesionales esperan que sus líderes sean sensibles y coherentes. Estarán dispuestos a que se les exija el máximo siempre que se les trate adecuadamente. En los momentos buenos y en los malos. Si así lo hacemos, participarán de nuestras maduras decisiones. Si no, tarde o temprano nuestro duro comportamiento será correspondido.

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