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Archive for 28 febrero 2011

La ciencia de las matemáticas suele estar muy lejana a las ciencias que regulan el éxito de los profesionales en las empresas. Ante la dificultad que tenemos en establecer criterios puramente racionales, científicos, que expliquen y justifiquen el éxito profesional tendemos a decir que la gestión de la empresas, o el liderazgo, es más un arte que una ciencia.

Hay quien, sin embargo, afirma que el éxito profesional sí se puede medir matemáticamente: cuanto más se aporte a la cuenta de resultados mejor profesional es el individuo. Vamos a ver: la pura consecución de resultados es una buena indicación para medir el éxito. Pero no tiene una correlación absoluta: hay profesionales que destacan por su eficacia a la hora de conseguir buenos resultados y, sin embargo, su carrera no se desarrolla de la forma que objetivamente merecen.  Más frecuente es, lamentablemente, el caso contrario:  profesionales que escalan en la organización de forma imparable y que nunca se distinguen por sus resultados.

Constatamos así la incapacidad de la ciencia por establecer unas reglas universales, inmutables, constatables, medibles… que justifiquen el éxito profesional de las personas.  Reglas que son el armazón de la honorable ciencia de las matemáticas. Por ello, muchos nos dedicamos analizar y reflexionar (unos más desde la practica, otros desde la pura teoría) sobre los factores que pueden establecer las bases reales del éxito. Sin que podamos llegar al más mínimo acuerdo. Será que el comportamiento humano (y sus consecuencias) se hallan lejos de ser una ciencia objetiva donde siempre 2 + 2 son 4.

Alejados como estamos de las leyes científicas, solo nos queda acudir a las leyes de la experiencia y de la intuición. Así, observando en mi caso aquellos profesionales que tienen éxito en distintas empresas de distintos sectores de distintos países he llegado a la conclusión de que hay una característica común en todos ellos. Ésta la podríamos expresar en la siguiente formula: E= Tc-tc

Es decir, E (éxito)= Tc (tiempo que los demás emplean en criticarte) – tc (tiempo que tu empleas en criticar a los demás). No lo dudes, cuanto mayor sea la cifra resultante (en positivo, claro) más éxito tienes. He observado que esta fórmula se aplica con escrupulosa exactitud en la mayoría de los profesionales y empresarios de éxito que conozco.

Los profesionales, normalmente, quieren triunfar. Hacerlo rápido. Ser reconocidos por ello. Es obvio que no siempre sus deseos se convierten en realidad. Desconcertados, tienden a buscar las razones fuera de ellos mismos (más que afrontar la incómoda tarea de buscar las razones en ellos y afrontarlas con inteligencia y determinación).

Desesperados porque a ellos no les va bien, se dedican a criticar a aquellos que si les va. Es más fácil y liberador. ¿Realmente lo es? No. Las críticas nos hacen más pequeños, nos impiden concentrar la energía en mejorar las habilidades que tenemos que desarrollar. Finalmente la critica es energía negativa. No ayuda a nadie, y menos a nosotros mismos.

Me permito recomendarle que tienda a eliminar la crítica de su catalogo de actitudes. Que sustituya ese tiempo y esa energía en preguntar a los demás que tiene usted que mejorar. Y que, finalmente, utilice esa información, después de procesarla a través de su razón y su intuición, para mejorar sus capacidades y habilidades. Vera que, poco a poco, su tc se convierte en Tc. Así, se acercará al éxito que tanto desea.

Ya saben. Las matemáticas no fallan. Se lo dice uno que estudio la rama de Letras.

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