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Archive for 19 enero 2010

¡Revolución!

No sería la primera vez que se hace una revolución, una toma del poder directa por parte de los ciudadanos, por la incapacidad y la soberbia de los poderosos ante las justas reclamaciones de las personas a las que representan.
Pues bien, se está acercando una revolución. Esta vez sin sangre ni fuego pero de importantes consecuencias. ¿Por qué? ¿Cual? La de los consumidores ante los abusos de las grandes empresas. Éstas se han dedicado a interponer Servicios de Atención al Cliente cuando éstos sufren de la falta de calidad de los servicios que proporcionan. Departamentos que sólo sirven para hacer perder el tiempo a los consumidores cuando estos tienen un problema. No es mal negocio: ahorran millones a la hora de ofrecer un verdadero servicio de calidad a cambio de perder algún cliente enfadado. Como los consumidores están desconectados entre ellos,no pueden ejercer elementos de presión, lo cual provoca un descontento creciente ante la impotencia que sienten.
Entonces ¿no hay paladines, defensores de los ciudadanos ante las miles de desmanes que hacen las empresas todos los días? Veamos. Por una parte, las grandes empresas controlan la opinión de los medios de comunicación a través de las inversiones que hacen en ellos a través  de la publicidad. Por otra, los organismos oficiales de defensa del consumidor se pierden en burocracias e ineficiencias. Los consumidores, cuando finalmente deciden hacer uso de ellos suelen terminar más frustrados que cuando empezaron, después de haber perdido tiempo y dinero.
Cada vez más desmanes, cada vez más abusos, cada vez más desamparo. Exactamente los ingredientes que componen las revoluciones. Pero si ustedes, señores empresarios y directivos que se menosprecian continuamente a sus clientes, piensan que lo van a poder seguir haciendo sin consecuencias, créanme que se equivocan. Como antes lo hicieron los reyes absolutistas y los dictadores que se pensaban intocables. Tarde o temprano los ciudadanos encontramos la manera para corregir las injusticias.
¿Se imaginan que miles de ciudadanos nos pusieramos de acuerdo para vetar, al mismo tiempo, una determinada Compañía? ¿Que nos pusiéramos de acuerdo por Internet? Convertir las miles de quejas individuales en acciones solidarias. No correría la sangre, pero los sillones de los directivos que desprecian a los ciudadanos se moverían (y sus bonos y su coche de empresa y su cuota en el campo de golf…).
Atención, confiadas y soberbias empresas que se creen intocables, comienzan a sonar las campanas de la Revolución.

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El Lobo Feroz llegó al bosque a las 9 de la mañana, como cada día. Bostezó y se dispuso a cazar alguna presa, como era su costumbre, como era su naturaleza. Mientras esperaba le vinieron a la cabeza los tiempos en que no cazaba solo, sino que cazaba en manada. Sí… eran buenos tiempos: poder correr por los bosques en compañía, ayudar y ser ayudado cuando se necesitaba, aullar la luna llena como salvaje orquesta. Sin embargo, a veces, el resto de sus congéneres le sacaban de sus casillas. No eran cosas importantes, lo sabía, pero le provocaban una cólera, una ira que, al final, le generó el apodo de el Feroz. Y no solo eso, finalmente, al no poder reprimir su mal genio fue expulsado de la manada.

Al principio le dio igual: seguía siendo un poderoso y experto cazador. Encontraba sus presas con la misma maestría con que lo hacía cuando contaba con la ayuda de su manada. Tan habilidoso y despiadado que empezó a alterar parte de sus costumbres. Ya no variaba tanto sus territorios de caza (“¿para qué voy a moverme tanto? Aquí, en mi parcela de bosque, tengo presas suficientes…”).

Al no desplazarse, al no correr tanto, nuestro Lobo Feroz comenzó a aumentar su grasa corporal (además no había nadie que le avisara de los negativos cambios que se estaban operando en su fisionomía). Por si fuera poco, la sombra de la soledad le aconsejaba mal. Como no tenía amigos, decidió aumentar el número de enemigos. “Ya que no me aman, que me odien”. El Lobo Feroz usaba su ferocidad para molestar a los animales de los que no se podía alimentar. Estos, comenzaron a avisar de la presencia del Lobo Feroz a sus presas potenciales.

El Lobo se desperezó de nuevo. De repente, vio una pequeña sombra roja a lo lejos. Todos sus sentidos se pusieron alerta. Era una niña. Se relamió: presa fácil, no tendría que correr mucho. Se acercó lentamente y, cuando estaba a punto de saltar sobre ella, la niña, Caperucita (previamente avisada por una ardilla amiga) sacó una pistola de su cestita, apuntó al sorprendido Lobo y le disparó, causándole fiera muerte.

Ya sé que el cuento ha cambiado. Présteme su complicidad. Pero ¿qué cuento, qué realidad, no ha cambiado mucho en los últimos tiempos? Sin embargo el relato nos deja algunas reflexiones que podemos utilizar (válidas tanto para nuestro desarrollo profesional como para dirigir nuestras instituciones):

  • El Lobo Feroz no supo trabajar en equipo. Se convirtió en cazador vulnerable por su soledad. No tenia quien le ayudara, quien le dijera la verdad. Lejos de buscar nuevas aliados, se ganó innecesariamente nuevos enemigos.
  • El Lobo se convirtió en predecible, siempre acechando en los mismos parajes. Cuando hacemos siempre lo mismo, de la misma manera, damos información clara y precisa de como ser batidos. La rutina, por otra parte, debilita músculos, espíritus y mentes.
  • El Lobo engordó. Perdió reflejos y velocidad. Exactamente lo más necesario en éste siglo XXI.

¿Predecible? ¿Exceso de confianza? ¿Con unos kilos de grasa empresarial de más? ¿Solitario por ser incapaz de escuchar y ser escuchado? Mire a su alrededor. Encontrará profesionales o empresas con esas características. Que tengan cuidado. O serán fulminados por Caperucita. Caperucita, de menor tamaño pero más ágil, mas despierta, mejor relacionada.

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Queridos Reyes Magos,
Aunque en el año 2008 nos debimos portar bastante mal porque nos trajisteis mucho carbón en el año 2009, yo creo que este año nos hemos portado mejor. Por eso,  os voy a pedir varias cosas, y así compensamos un poquito, ¿no?
La primera es que los profesionales nos demos cuenta, por fin, de todo nuestro potencial. Y que, sin miedos ni desconfianzas, lo pongamos a trabajar. No se qué hacemos, Sres. Reyes, que nos pasamos media vida entre miedos y excusas. Somos nosotros quienes nos impedimos, obstaculizamos, zancadilleamos. Que el año 2010 sirva para convertirnos en nuestros mejores amigos.
Otra cosita, por favor, Magic Kings: que no se utilicen las Felicitaciones Navideñas como mensajes publicitarios, que una cosa son las Navidades y los buenos deseos y otra, muy diferente, las campañas publicitarias y de imagen de las empresas.
¡Ah! Please, Magic Kings, no nos dejeis utilizar palabras inglesas en medio de nuestras conversaciones en castellano. No es nada cool.
Por mi parte, yo os prometo portarme bien. Para los políticos, sindicalistas y empresarios no os pido nada, que ellos saben bien lo que tienen que hacer para ganárselo primero.

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