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Archive for 31 agosto 2012

Y es que estoy harto de ver como amigos están perdiendo sus puestos de trabajo o cerrando sus empresas. De ver como gente joven, y no tan joven, no encuentra trabajo. Gente buena y trabajadora pasando dificultades.

La situación actual no está causada solamente por los políticos. Los ciudadanos también hemos contribuido, es verdad, a través de nuestra imprudencia en el gasto, en la falta de ahorro. Pero lo que si es cierto, desesperantemente cierto, es que las consecuencias de la crisis solo las sufrimos los ciudadanos. Los ERES, las subidas de impuestos, los recortes sociales, … Los políticos siguen disfrutando de sus puestos, sus beneficios, sus chóferes y sus pensiones.

Políticos que, antes de serlo, jamás han creado un puesto de trabajo. Políticos que, en su mayoría, solo han ganado su sustento por medio de los Presupuestos Generales del Estado.  Que únicamente aspiran a seguir haciéndolo. Alejados de los procesos de creación de riqueza, de la realidad empresarial, de la elaboración y del cumplimiento de planes de negocios.

Todos los salarios, tanto los del sector privado como del sector público (a través de los impuestos que pagan las empresas, autónomos y empleados), dependen de una buena red de empresas y empresarios. Es triste comprobar el divorcio absoluto que hay entre la realidad política (gente que, en su mayoría no ha trabajado como empresario) y la realidad económica.

Por todo ello, propongo un ERE para políticos. No sólo por inútiles, sino también porque no los necesitamos. Porque son una carga. Porque su salario y prestaciones se pagan con nuestros impuestos. Porque han demostrado que, a pesar de ser muchos, no gestionan bien. Porque si hay alguien que merece estar en el paro, son ustedes. Porque su palabrerío y su demagogia no ayuda, sino que entorpece. Porque no necesitamos ni el Senado, ni las Diputaciones, ni la mayor parte de las empresas públicas, ni…

Y porque si, finalmente, hacen un ERE voluntariamente, a lo mejor, a lo mejor les empezamos a tomar en serio.

Nota para Latam: En España, ERE significa Expediente de Regulación de Empleo (despido masivo de trabajadores en las empresas que tienen dificultades).

Twitter: JesusVega_

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Recibí un correo que decía: “Estimado Jesús, mi nombre es Marcos C. y no me conoce pero usted me definiría como un político de empresa. Soy lector suyo y de sus colegas en el Ojo Crítico y le escribo para comunicarle una buena nueva: me han promocionado por segunda vez en cuatro años. Y me permito decirles que no les debo nada. Que sus teorías de liderazgo, comunicación y otras habilidades profesionales no van conmigo. Siendo un político, mis métodos son otros y no me va mal.

En primer lugar, le diré para quién trabajo: para mí mismo. No importa la empresa que me pague, las diez primeras prioridades en mi lista son ocupadas por tareas en la defensa de mis intereses. Usted dirá que todo el mundo trabaja para sus intereses. Si es así, es un ingenuo.

Mucha gente se sacrifica por su empresa, dejándose incluso jirones de su vida personal, incapaces de venderse a sí mismos, de planificar su carrera, trabajando infatigablemente para quien, a lo peor, nunca se lo va a agradecer. Al contrario, tengo presente quién es el único que siempre se va a ocupar de mi persona. Y actúo de conformidad con ello.

En segundo lugar, me preocupo mucho de estar en sintonía con mis jefes. Hay quien piensa que este objetivo es difícil. ¡Qué poco conocen la naturaleza humana! Atáqueles por su vanidad, verdadero talón de Aquiles de las personas, especialmente cuando éstas ocupan puestos de dirección. Es imprescindible que se sientan cómodos, para lo que deberá reforzar sus opiniones, halagarles y tratar de pensar cómo lo harían ellos. Aunque me llamen cínico, mis propias ideas me importan muy poco.

Mi tercera estrategia pasa por crear una red de contactos que cuido como a mi familia. Evidente, ¿no? Pocos se han parado a pensar por qué es tan importante. La opinión que las personas tenemos de otra depende de cómo nos cae. Excepto el jefe o los colaboradores, habitualmente no se conocen las competencia profesionales de los demás.

Sin embargo, todo el mundo opina (basándose en afinidades personales). Por tanto, no me pierdo un sarao ni una presentación, a los que acudo con una imagen impecable y mi cultivada simpatía.

Conozco de memoria el equipo favorito, el nombre del cónyuge y la comida preferida de cualquier persona que pueda opinar de mí. Ya sé que esto es cansado, pero más cansa trabajar. Me he convertido en un genio utilizando a las personas, sobre todo a mis colaboradores. Para mí son muy importantes, pero no de la forma que ustedes sugieren, sino porque de alguna manera tengo que justificar mi sueldo cumpliendo proyectos asignados.

Para todo ello hago uso continuo de la mentira, de la que me he convertido en un verdadero maestro. Pero no se preocupe, que estamos hablando de la empresa, no de territorios morales o religiosos. Espero que mi carta le haya parecido interesante. Gracias por nada, Sr. Vega”.

Este correo no existe. Es un recurso literario. Pero estoy seguro que conoce alguna persona parecida. Y en absoluto piense que voy a criticar a este tipo de profesionales. Si acaso lo haría con las empresas que los fomentan. Creo en el trabajo duro, la honestidad profesional y el compromiso.

Pero también sé que excelentes profesionales podrían completar sus cualidades con habilidades políticas, que muchas veces suponen la diferencia y que no se enseñan en ninguna parte. Por eso, Marcos C., aunque no estamos con usted, le agradecemos sus reflexiones.

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