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Archive for 28 septiembre 2011

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No lo dudo: se trabaja mucho y bien para ganarse el derecho a tomar decisiones. Empresarios y líderes de empresa han tenido que demostrar, en su mayoría, que gozan de buen sentido, carácter y conocimientos. Están legitimados para establecer directivas, dar órdenes, decidir sobre los aspectos sobre los que tienen responsabilidad. En definitiva, tienen… poder.

Y el poder, ya saben, embriaga: nos hace pensar que somos mejores, invulnerables, dueños de la razón. El poder nos lleva a apreciar sólo aquello que nos puede dar más poder: nuestros jefes y nuestros colegas. Nos lleva a despreciar todo lo demás, por lejano, por inútil. Es decir, a nuestros colaboradores y a nuestros clientes. Aparte del poder, el desprecio se amamanta de varias fuentes: la codicia y la soberbia (te crees más capaz que tus colaboradores, te crees más sabio que tus clientes).

Olvidamos en este camino lo tremendamente susceptibles que somos las personas al desprecio. Somos capaces de identificar inmediatamente, aunque sea muy sutil, cualquier acción (o cualquier no-acción) que no nos valore. Si nos sentimos despreciados, sentimos un divorcio emocional que es extremadamente difícil de cambiar. El desprecio nos desvincula, desmotiva, apaga. Si no se aprecian nuestras ganas, nuestras ideas, nuestros conocimientos, irán desapareciendo. El desprecio es una moneda de retorno inmediato: si te desprecian, tu desprecias.

La creatividad es hija del estímulo y de la libertad. Para que las personas seamos creativas tenemos que sentir que somos apreciados, que somos capaces. Sentirnos despreciados, poco considerados, nos lleva a un agujero negro en el que la creatividad es imposible. En este sentido, ¿pedimos su opinión lo suficiente a nuestros colaboradores, a nuestros clientes? ¿Se sienten nuestros clientes y colaboradores apreciados, valorados?

¿Soluciones para cambiar a una cultura generadora de aprecio? Cercanía, escucha activa, humildad, políticas de puertas abiertas. Pero siempre desde la forma más efectiva de aprendizaje: liderar con el ejemplo.

A lo mejor no quieres cambiar. Puede que sigas prefiriendo hacer números, ir a comidas de empresa con colegas ó sacar pecho por lo importante que eres. Puede que prefieras pagar el precio del desprecio: la desmotivación, la falta de ideas, el escaso compromiso. Pero debes saber que te costará dinero, amigo, mucho dinero.

 

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