Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 6 abril 2011

Recuerdo un antiguo chiste que calculaba el número real de personas que trabajan en este país. Empezaba sustrayendo del total de la población activa aquellos trabajadores cuya aportación real a la economía era mínima o inexistente (prefiero no enumerar esos colectivos para no herir esos -ya de por sí- sensibles colectivos). Los números que se utilizaban en la cuenta eran exagerados (para eso es un chiste), pero la conclusión después de hacer los cálculos era: “¡Al final, trabajamos sólo tú y yo!” Un chiste suele ser la exageración más o menos disparatada de la realidad. Creo que éste era también el caso.

Acabo de leer que un millón de personas deja de ir a trabajar cada día por enfermedad. Aproximadamente un 6% de la población activa. Si sumamos las cifras de desempleo a las del absentismo empezamos a llegar a unos datos terroríficos. Empiece usted a sumar otros colectivos cuya productividad es dudosa y, si nos descuidamos, llegamos a las cifras del chiste.

Un millón de personas. Las cifras del absentismo en otros países no llegan al 1%. Una educación basada en valores es el fundamento que reduce en esos países la tentación de quedarte en casa cuando puedes ir a trabajar (por cierto, ¿cual es la tasas de absentismo de los maestros -incluidos los profesores universitarios-, de aquellos que deben, junto con los padres transmitir esos valores? Pero no hay que irse a otros países: el absentismo de los autónomos es bastante inferior al 1%. Sobran las palabras, ¿no?

Las personas enferman, claro que sí. El sistema social debe protegerles y cuidarles. Una persona -suficientemente- enferma no puede ir a trabajar. Pero no me refiero a ellos. Estoy hablando de los absentistas, enfermistas profesionales que se aprovechan de las debilidades del sistema para defraudar a las entidades que les pagan. Personas que aprovechan cualquier excusa, real o figurada, para no acudir a su puesto de trabajo. Profesionales del fraude. Del escaqueo. De la irresponsabilidad.

Digámoslo claro: los absentistas son insolidarios. Amparados y defendidos por los sindicatos, organizaciones humanas creadas alrededor del principio de la solidaridad. Los absentistas traspasan su carga de trabajo a sus compañeros o a la sociedad. Dedican su energía a encontrar excusas para justificar su comportamiento pero no la emplean para ir a su puesto de trabajo. Para hacer aquello por lo que les pagan: simplemente, trabajar.

Sí, sí. Ya sé que las empresas (o los organismo públicos) no son perfectos. Que muchas veces construimos sistemas desmotivadores que eliminan la ilusión y las ganas de hacer cosas. Pero no se engañe: no es una excusa. A los profesionales nos pagan por ir a trabajar. Vendemos nuestro tiempo y nuestra productividad por un salario. No ir a trabajar (cuando se puede) es robar.

Y sí, la responsabilidad fundamental es de aquellos que hacen las leyes. No reformar éstas para conseguir una mayor productividad, un mayor rigor, un mayor incentivo para fomentar la responsabilidad individual y colectiva me parece gravísimo. Especialmente en un país que se desangra en una economía que requiere importantes cambios. Como por ejemplo establecer sistemas rigurosos de control del absentismo y fomentar normas que ataquen las causas del mismo.

Pero claro, los señores y señoras que aprueban las leyes son los señores y señoras diputados. Esos que son famosos por su absentismo.

Read Full Post »