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Archive for 26 julio 2008

Me contaba el otro día Jesús, recuerda que es él quién me ha descrito en su libro La Empresa Sensual, sus sensaciones cuando fue a firmar ejemplares en la pasada Feria del Libro de Madrid. Tengo que decirte que me desconcertó un poco. Jesús ya es un cuarentón curtido por unas cuantas batallas y, sin embargo, me explicó su experiencia con un brillo en los ojos que pocas veces había visto y un ligero temblor en la voz. Quizá tenía que haber sido un poco más discreta, pero aún así le pregunté por qué un acto, que si bien es cierto que no sucede todos los días tampoco se puede comparar a un paseo por Marte, le había impactado tanto.

Jesús me miró y me dijo:

– Deberías entenderlo. Eres la Empresa Sensual. Vives de la creación de las emociones, del manejo de las pasiones, de la gestión de las ilusiones. De la contínua generación de sueños.

Me sentí incómoda con sus palabras. Me dí cuenta que no había buscado lo suficiente en su alma antes de hacer una valoración (justo algo que critico en otro tipo de empresas). Así que le dije:

– Parece que tu firma en la Feria iba más allá que un mero acto formal de promoción de tu libro.

La emoción volvio a su rostro, bajo los ojos y, después de una pequeña pausa, Jesús me contestó:
– Comencé a leer desde muy niño. Me enseñó mi abuela Rosario. Sentado en sus rodillas, únicamente armada con su inagotable paciencia, me leía los tebeos de mi hermano mayor, mientras me señalaba las letras y los mágicos sucesos que formaban al combinarse. A partir de ahí se empezaron a abrir miles de mundos desconocidos para un niño: el de la selva de Tarzán de los Monos (te aseguro que, si cierro los ojos, aún huelo el olor de su selva imaginaria), el de la América de Tom Sawyer, el de la imaginación desbordante de Julio Verne. Aprender a leer es uno de los regalos más valiosos que nadie te puede ofrecer.

Mientras me habla de ello, Jesús (que no se da cuenta de ello) no para de tocar un libro que tiene a mano, lo acaricia, le pasa las páginas sin detenerse en él, de vez en cuando lo deposita con cariño en la mesa que tiene al lado para recuperarlo un momento después con aún más cariño.

-Un día mis padres nos llevaron de paseo por el Retiro. Yo tenía 6 ó 7 años y parte de mi vida ya era vivida a través de los libros. Ese día , sin que lo supieramos con antelación, era el de la inauguración de la Feria del Libro. Desde lejos sólo se veían las decenas de casetas, de tal manera que cuando llegamos y contemplé que estaban repletas de libros me emborraché de placer. Corría de una caseta a otra y le pedía contínuamente a mis padres que me auparan para poder tocar los maravillosos tesoros que, de forma obscenamente numerosa, se encontraban a mi alcance.

Sonrió como solo puede sonreir quién evoca un gran momento de su vida. Miró para un sitio indefinido y , tras unos segundos de paladear el sabor de un recuerdo infantil, continuó:

– De repente me fijé en una pequeña cola de gente que se encontraban enfrente de una de las casetas de la Feria. Pregunté a mi madre que hacían allí esperando y ella me contestó que el escritor de un libro les iba a firmar una dedicatoria en el libro que había escrito. “¿Para qué?” “Porque el libro les ha gustado y les gusta tener la firma como recuerdo. ¿O es que a tí no te gustaría tener la firma de Emilio Salgari?” Yo hubiese sido capaz de cualquier cosa por tener la firma suya en uno de mis libros, claro.

Interrumpió su relato, me miró y afirmó mas que preguntó:

– Ahora lo entiendes- dijo suspirando. Me acerqué al escritor. ¡Un escritor delante de mis narices! Por supuesto que nunca había visto uno. No recuerdo quién era ni cual el libro que estaba firmando. Solo recuerdo la admiración que sentía por él. Era una de esas personas que me transporataba a mundos desconocidos, que me hacían sentir cosas que no sabía que tenía dentro de mí, que me obligaban a pensar, que dibujaban cuadros en el lienzo casi en blanco que era mi cabeza entonces. ¡Un escritor!

Me hacía gracia la pasión con que narraba su primer encuentro con un escritor. En unos minutos había viajado a la infancia y se había anclado en ella. Pareciera que le costaba salir de ese mes de mayo del Madrid de los años 60.

– No le envidiaba. Entonces no sabía casi lo que significaba esa sensación. Pero sí deseé profundamente ser como él. Poder estar un día en su situación. Poder expresar mis ideas, mis sentimientos, mis experiencias en un libro y compartirlas. Por eso, cuando estuve en la Feria del Libro firmando ejemplares, para mí no era un acto promocional. Era muy diferente. Era el encuentro con el sueño que tuve casi cuarenta años antes. Con el niño que, tanto tiempo después, me miraba a unos metros de la caseta con ojos claros.

Después de unos pocos segundos sin decir nada, Jesús me miró y me dijo:

– Te deseo un feliz encuentro con tus sueños.

Deseo que quiero compartir contigo.

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Pues, en efecto, parece que la sensualidad empresarial empieza a ser interesante también para los medios de comunicación. El libro que habla de mí, la Empresa Sensual, lleva ya aproximadamente un mes en las librerias y durante este tiempo he acudido a periódicos, radios y televisiones para hablar de quién soy y como soy. Los “links” a las entrevistas y comentarios que han aparecido en la Red serán incorporados a la pestaña “Han dicho de mí” que puedes encontrar en este blog.

¿Qué como afrontan los periodistas la propuesta de La Empresa Sensual? Pues exactamente igual que en el resto de los temas que abordan los medios: unos desde la profesionalidad (se han leído el libro y han explorado los temas más interesantes para su público), algunos desde la anécdota y el morbo, otros  quieren que no sólo les des las respuestas sino también las preguntas… Pero en general debo decir que, afortunadamente, los primeros superan a los demás.

Si me parece muy interesante comprobar las diferencias entre los medios “salmón” (periódicos económicos) y los generalistas. En el libro destaco que el mundo empresarial es el último reducto de la solemnidad: todo es muy serio y desapasionado. Un mundo donde solo el cerebro tiene cabida en la toma de decisiones. Donde las emociones son siempre sospechosas. Pues bien, me da la impresión de que los medios económicos se han contagiado y la perspectiva con la que analizan los temas es algo más grave que en otro tipo de medios. ¿Debe ser así porque su público se lo demanda? Puede ser.

Aunque yo no estaría tan seguro… Tiendo a pensar que, mientras que la información debe ser absolutamente rigurosa, la forma en que debe presentarse debe ser amena, divertida, apasionante. Todavía recuerdo mis profesores del colegio y su influencia en las materias que enseñaban. El mejor maestro podía convertir la materia más aburrida en la más fascinante. Y viceversa. La información era rigurosa en los dos casos. Ahora bien, la información solo se convertía en materia aprendida (y aprehendida) cuando la forma en que se impartía tocaba emocionalmente las mentes de los alumnos.

Por ello, mi homenaje a los periodistas de los medios salmón, que se encuentran con una temática especialmente dificil y en un entorno que les deja poco margen de maniobra. Mi reconocimiento especial a aquellos que, además de informarnos, logran divertirnos.

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