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BusinessChina

Y es que estoy harto de ver como amigos están perdiendo sus puestos de trabajo o cerrando sus empresas. De ver como gente joven, y no tan joven, no encuentra trabajo. Gente buena y trabajadora pasando dificultades.

La situación actual no está causada solamente por los políticos. Los ciudadanos también hemos contribuido, es verdad, a través de nuestra imprudencia en el gasto, en la falta de ahorro. Pero lo que si es cierto, desesperantemente cierto, es que las consecuencias de la crisis solo las sufrimos los ciudadanos. Los ERES, las subidas de impuestos, los recortes sociales, … Los políticos siguen disfrutando de sus puestos, sus beneficios, sus chóferes y sus pensiones.

Políticos que, antes de serlo, jamás han creado un puesto de trabajo. Políticos que, en su mayoría, solo han ganado su sustento por medio de los Presupuestos Generales del Estado.  Que únicamente aspiran a seguir haciéndolo. Alejados de los procesos de creación de riqueza, de la realidad empresarial, de la elaboración y del cumplimiento de planes de negocios.

Todos los salarios, tanto los del sector privado como del sector público (a través de los impuestos que pagan las empresas, autónomos y empleados), dependen de una buena red de empresas y empresarios. Es triste comprobar el divorcio absoluto que hay entre la realidad política (gente que, en su mayoría no ha trabajado como empresario) y la realidad económica.

Por todo ello, propongo un ERE para políticos. No sólo por inútiles, sino también porque no los necesitamos. Porque son una carga. Porque su salario y prestaciones se pagan con nuestros impuestos. Porque han demostrado que, a pesar de ser muchos, no gestionan bien. Porque si hay alguien que merece estar en el paro, son ustedes. Porque su palabrerío y su demagogia no ayuda, sino que entorpece. Porque no necesitamos ni el Senado, ni las Diputaciones, ni la mayor parte de las empresas públicas, ni…

Y porque si, finalmente, hacen un ERE voluntariamente, a lo mejor, a lo mejor les empezamos a tomar en serio.

Nota para Latam: En España, ERE significa Expediente de Regulación de Empleo (despido masivo de trabajadores en las empresas que tienen dificultades).

Twitter: JesusVega_

Recibí un correo que decía: “Estimado Jesús, mi nombre es Marcos C. y no me conoce pero usted me definiría como un político de empresa. Soy lector suyo y de sus colegas en el Ojo Crítico y le escribo para comunicarle una buena nueva: me han promocionado por segunda vez en cuatro años. Y me permito decirles que no les debo nada. Que sus teorías de liderazgo, comunicación y otras habilidades profesionales no van conmigo. Siendo un político, mis métodos son otros y no me va mal.

En primer lugar, le diré para quién trabajo: para mí mismo. No importa la empresa que me pague, las diez primeras prioridades en mi lista son ocupadas por tareas en la defensa de mis intereses. Usted dirá que todo el mundo trabaja para sus intereses. Si es así, es un ingenuo.

Mucha gente se sacrifica por su empresa, dejándose incluso jirones de su vida personal, incapaces de venderse a sí mismos, de planificar su carrera, trabajando infatigablemente para quien, a lo peor, nunca se lo va a agradecer. Al contrario, tengo presente quién es el único que siempre se va a ocupar de mi persona. Y actúo de conformidad con ello.

En segundo lugar, me preocupo mucho de estar en sintonía con mis jefes. Hay quien piensa que este objetivo es difícil. ¡Qué poco conocen la naturaleza humana! Atáqueles por su vanidad, verdadero talón de Aquiles de las personas, especialmente cuando éstas ocupan puestos de dirección. Es imprescindible que se sientan cómodos, para lo que deberá reforzar sus opiniones, halagarles y tratar de pensar cómo lo harían ellos. Aunque me llamen cínico, mis propias ideas me importan muy poco.

Mi tercera estrategia pasa por crear una red de contactos que cuido como a mi familia. Evidente, ¿no? Pocos se han parado a pensar por qué es tan importante. La opinión que las personas tenemos de otra depende de cómo nos cae. Excepto el jefe o los colaboradores, habitualmente no se conocen las competencia profesionales de los demás.

Sin embargo, todo el mundo opina (basándose en afinidades personales). Por tanto, no me pierdo un sarao ni una presentación, a los que acudo con una imagen impecable y mi cultivada simpatía.

Conozco de memoria el equipo favorito, el nombre del cónyuge y la comida preferida de cualquier persona que pueda opinar de mí. Ya sé que esto es cansado, pero más cansa trabajar. Me he convertido en un genio utilizando a las personas, sobre todo a mis colaboradores. Para mí son muy importantes, pero no de la forma que ustedes sugieren, sino porque de alguna manera tengo que justificar mi sueldo cumpliendo proyectos asignados.

Para todo ello hago uso continuo de la mentira, de la que me he convertido en un verdadero maestro. Pero no se preocupe, que estamos hablando de la empresa, no de territorios morales o religiosos. Espero que mi carta le haya parecido interesante. Gracias por nada, Sr. Vega”.

Este correo no existe. Es un recurso literario. Pero estoy seguro que conoce alguna persona parecida. Y en absoluto piense que voy a criticar a este tipo de profesionales. Si acaso lo haría con las empresas que los fomentan. Creo en el trabajo duro, la honestidad profesional y el compromiso.

Pero también sé que excelentes profesionales podrían completar sus cualidades con habilidades políticas, que muchas veces suponen la diferencia y que no se enseñan en ninguna parte. Por eso, Marcos C., aunque no estamos con usted, le agradecemos sus reflexiones.

Uno de mis mejores amigos ha ido hace poco a realizar un safari fotográfico a Africa. A su vuelta, entre canapés y cerveza, nos enseñó las fotografías que había realizado durante su exótico viaje.

Todavía excitado por las maravillas contempladas y las experiencias vividas, nos hablo especialmente de su contacto con los animales salvajes, en particular con los “5 Grandes” (Big 5): leones, elefantes, leopardos, búfalos y rinocerontes. Son llamados así por los masais, pues todo joven perteneciente a esta tribu tiene que matar algunos de ellos para convertirse en guerrero.

Nuestro amigo nos describió la fiereza de los leones, la grandeza de los elefantes, la solidaridad de los búfalos, la peligrosa discrección de los leopardos y la fuerza salvaje de los rinocerontes. Después de un buen rato de fotos, panchitos y apasionada descripción de la naturaleza de los 5 Grandes, le dije a mi amigo: “Sabes que para ver a esas especies no tenias que ir tan lejos? Si te fijas bien, los puedes encontrar en el Paseo de la Castellana (o en cualquier calle de oficinas de cualquier ciudad). Mira:

Los leones son algunos directivos. Perezosos, viven del trabajo de los demás (quienes realmente cazan son las leonas) y tienen la necesidad contínua de demostrar su poder. Ahora si, cuando rugen, la verdad es que intimidan.

Los elefantes son esos jefes de departamento que suelen consumir grandes recursos (los elefantes reales pueden consumir hasta 500 kg de pasto al día). Se caracterizan por ser lentos y pesados, pero son tan grandes que nadie se mete con ellos.

Los leopardos son solitarios y sigilosos, como esos profesionales que van por libre y no tienen afiliación por nada ni por nadie. Se quieren sólo a sí mismos y si no tienen caza (recompensa) adecuada, cambian de territorio (empresa) sin mirar atrás.

Los rinocerontes son esos animales que antaño fueron poderosos y hoy vulnerables en extremo (casi en peligro de extinción). Me recuerdan a los profesionales por encima de los 50 años que reciben tiros (en forma de prejubilaciones), quizá en el momento de su vida profesional que, por acumulación de experiencias y conocimientos, pueden aportar mas a su empresa y a la sociedad.

Por ultimo, los búfalos. Curiosamente, quien lo diría, son los animales mas temidos por los masais. Cuando uno de ellos es atacado, todos ellos reaccionan contra el agresor de forma solidariamente temible. Trabajadores en equipo. Sus carencias individuales se minimizan por la fortaleza del colectivo. Afortunadamente, encontramos ejemplos valiosos de profesionales-búfalos en nuestras empresas.”

Mi amigo me retiró la cerveza, un tanto molesto por sentir que sus aventuras en África se habían trivializado por mis comentarios. Pero le aclare que, mas bien al contrario, yo había aprendido mucho con sus observaciones sobre los animales salvajes, que me ayudaban a entender mejor las leyes de la supervivencia que dicta la vida de los negocios.

Por eso, alzándome como curiosa jirafa que mira atentamente desde cualquiera de las aceras de la Castellana, déjeme preguntarle, si me lo permite, ¿qué clase de animal es usted? ¿Tiene el hambre de un depredador pero se relaciona con su entorno como una abeja? ¿Tiene la rapidez de un guepardo pero la fiabilidad de un águila? ¿La lealtad de un caballo y la habilidad de una araña? ¿Es flexible como un mono y valiente como un toro bravo? No tema. Responder afirmativamente a la mayoría de las preguntas no le convierte a usted en un animal. Mas bien le identifican como uno de los profesionales que todas las empresas deseamos.

 

Me han dicho que cada vez es más frecuente. Hay un cambio en la dirección de una empresa y el nuevo director-directivo-consejero delegado trae a su nueva empresa una mochila de profesionales de sus anteriores equipos. La razón que lo justifica suelen ser apuntalar el poder político del directivo recién nombrado o, lo que es igual, desarrollar una guardia pretoriana que le cubra sus espaldas ante otras fuerzas políticas internas.

Los hombres de confianza, que quieren que les diga, no suelen ser gran cosa. Sus mayores méritos normalmente consisten en su capacidad de relación, la enorme fidelidad a sus jefes-estela y a su escasa afición a tomar decisiones, ya que decidir es comprometerse con la acción y asumir riesgos, a lo que no están acostumbrados ya que lo suyo es otra cosa. Ya sé que no es mucho para ser directivo en una empresa, pero las garrapatas del talento ajeno suelen ser muy conscientes de sus incapacidades y saben que su carta es la del directivo que los ha traído, por lo que no suelen estar muy interesados en desarrollar otras habilidades. Dicho de otro modo, suelen ser mejores padrinos de los hijos de sus jefes que profesionales. Cuando caen sus jefes, saben que su vida es tan limitada como la vida de su portador, y su apuesta es seguir a su jefe allá donde este vaya. La palabra Lealtad solo la entienden referida a la que deben a su jefe, nunca a la empresa que les paga.

En lo que se refiere al directivo que trae o promueve a sus hombres de confianza enseña tres cosas. En primer lugar, que desconfía de si mismo, ya que renuncia a promocionar a la gente de su nueva empresa o a confiar en las personas que se encuentra. En segundo lugar, una falta de escrúpulos que demuestra fundamentalmente que sus intereses están muy por encima de los de su Organización. Por último, que en su escala de valores la profesionalidad no ocupa uno de los puestos de honor.

Sinceramente, estas situación me recuerda a la que se produce cuando un mal Presidente de un Club de Fútbol cambia de entrenador y permite que este traiga futbolistas de su entorno (normalmente de su misma nacionalidad y deudores de algún favor pasado). Suelen ser jugadores mediocres pero que le defenderán a muerte en las ruedas de prensa ya que son conscientes de que su destino está asociado al del Entrenador que les trajo. Finalmente, la conclusión de estas situaciones suele ser la misma: Entrenador defenestrado, jugadores fichados gracias a su recomendación vendidos a mal precio. ¿Quién pierde? El Club que los fichó y que se encuentra cada vez que hay un cambio de entrenador con unos jugadores que nadie quiere y que se van acumulando en el Cementerio de los Jugadores Recomendados.

Cuando una Organización permite la existencia de hombres de confianza tiene que ser consciente que el mensaje que transmite al resto de los profesionales es que desconfía de ellos. Si un directivo prima que haya más lealtad a su persona que a la Organización, no le debería extrañar que el resto de los profesionales de esta se sientan desvinculados de la misma. Tanta mas confianza tiene el directivo en “su” gente, mas desconfía el resto de su empresa que, al fin y al cabo, lo permite… Porque el compromiso hacia una empresa se teje con hilos muy finos y los profesionales saben que no se les puede pedir lo que sus directivos no les otorgan. Todos sabemos que hay muchos métodos para transmitir valores, pero el más efectivo es el de enseñar con el ejemplo.

Generar ideas, proyectos, ilusión… es crear vida dentro de la empresa. Vida que se suele convertir en una saludable cuenta de resultados y en un estimulante desarrollo de los profesionales que trabajan en sus empresas. No obstante, un buen líder (habitualmente gran generador de vida profesional) a veces tiene que vestirse de traje de asesino y exterminar actitudes y prácticas que tienen el riesgo de convertirse, o lo han hecho ya, en parte de la cultura de su grupo.

Matar actitudes culturales que hacen peores a las empresas y nos hacen peores a nosotros. En especial, una de las que considero mas perniciosas, la excusa: el argumento que se da para justificar la no realización, en el tiempo asignado, de una tarea o de un proyecto. Aún siendo consciente que, a veces, sólo a veces, hay razones que justifican el incumplimiento de una responsabilidad, también pienso que la mayor parte de las veces las excusas son pequeños tumores que se instalan en una organización y que pueden llevarla a una metástasis cultural.

Las excusas nos debilitan. Destruyen la confianza necesaria en asumir nuevos retos. Relajan mentes, espíritus y ambiciones. La excusa se basa en la mentira, pues normalmente avala el hecho de que no se pudo hacer más. Y sí, siempre se puede hacer más. Como se trata de un comportamiento contagioso, las excusas nos impiden alcanzar nuestros objetivos y asumir de forma adulta nuestras responsabilidades. Son insolidarias pues normalmente se convierten en acusaciones hacia alguien (otro departamento, otro compañero, …).

De la misma manera en que hay países que llevan cientos de años excusando su bajo desarrollo en tal o cual acontecimiento histórico, hay profesionales que acusan a otros de su actual estancamiento cuando en realidad lo que deberían hacer es analizar las causas de su mediocridad.

Urgen, por tanto, despiadados asesinos que maten las excusas de una vez por todas en sus empresas. Carguemos nuestras imaginarias pistolas con balas anti-excusas.

Ahora bien, le sugiero que no pretenda eliminar las excusas de sus colaboradores si usted no les permite participar al tomar decisiones. Si usted es un líder autoritario, no se queje de que sus colaboradores no asuman como propios sus proyectos. En la medida en la que tengan posibilidades de opinar, de defender sus puntos de vista, sus colaboradores no podrán esconderse detrás de las excusas alegando que no tienen recursos, tiempo o conocimiento suficientes para alcanzar sus compromisos.

Otras técnicas para ser un buen asesino de excusas:

  • En caso de un incumplimiento de un compromiso no tolere la excusa. Nunca. Pero escuche alternativas, opciones alternativas de cumplimiento.
  • Cuando comunique que no va a permitir las excusas., diga también que a partir de ahora hay que pensar muy bien los compromisos asumidos. Como en las bodas de las pelis americanas: “El que no hable ahora…”
  • Si su colaborador está seguro que va a haber una desviación sobre los compromisos asumidos, debería decirlo antes del vencimiento del tiempo asignado. Así será mas fácil elaborar planes alternativos.
  • Ayude, enseñe, desarrolle. No asigne proyectos irrealizables. Si quiere credibilidad en su equipo, empiece por usted.
  • Amigo pistolero, apunte y dispare a las excusas. Nunca a las personas.

Las empresas más admiradas, los  profesionales mas respetados poseen la confianza de conseguir cualquier reto al eliminar la palabra “imposible” en su forma de actuar. Usted puede hacerlo también. Lo hará. Sin excusas.

Les hago este ruego para ser coherente con mi mensaje. Escribo desde el avión y estoy reflexionando sobre mi visita a la librería del aeropuerto. Todavía me sorprende la cantidad de libros dirigidos al mundo empresarial y profesional. Muchos recomiendan técnicas para mejorar habilidades; otros, diseccionan experiencias empresariales exitosas; algunos profundizan en técnicas. procesos, metodologías, sistemas…

“Necesitaría varias vidas para leerlos todos”, pensé. La sección de revistas aseguraba un brillante futuro profesional a través de la mejora continua de mis aptitudes. Las páginas salmón del periódico ofrecían centenares de cursos, conferencias, masters… Somos muy afortunados por tener tantas oportunidades para aprender, no sólo en lo que se refiere a la información disponible sino también a los medíos que están a nuestro alcance: presupuestos de formación. cultura del aprendizaje sólidamente implantada en nuestra civilización, posibilidad de compartir experiencias.

Sin embargo, la situación actual me produce un embrión importante de preocupación. Igual que Don Quijote se volvió loco de tanto leer libros de caballerías, los profesionales corremos el riesgo de convertirnos en meros seguidores de teorías de tanto leer libros empresariales. La cantidad de formación e información puede conducirnos a valorar más la cantidad que la calidad. No dudamos en admirar a los que han conseguido resultados envidiables, empresas que se estudian y analizan en libros y escuelas de negocios. Pero no olvidemos que casi todos esos empresarios que admiramos optaron por construir su propio camino, apartándose a veces de las sendas habituales.

No me entiendan mal. No estoy en contra de todos los medios de formación e información con los que contamos. Pero ante el riesgo de convertirnos en meros adoradores de ideas ajenas, reivindico la necesidad de aprender a desaprender, a imponer la fuerza de nuestras ideas, a cuestionar los planteamientos adquiridos, a desplazar patrones y modelos válidos, a tener la seguridad de que la creatividad no es patrimonio de aquellos que tienen nombre y apellidos en los libros. sino nuestra, de todos.

No soy un gran especialista en arte. Pero imagino que la irrupción del arte abstracto se debe al agotamiento de los modelos clásicos. Una vez que la técnica realista se había perfeccionado en tantas personas, era necesario una nueva forma. de entender el arte. Aquellos que rompieron las reglas. eran en sus inicios grandes pintores realistas. Sin embargo, optaron por ofrecer un nuevo modelo que sacudía las almas de los observadores. De igual manera, puede ser necesario para los profesionales y empresarios salir de la academia y ofrecer a la sociedad nuevos modelos empresariales. En definitiva. más Picassos y menos imitadores de Velázquez (gran revolucionario de la pintura. por cierto}.

No se trata de restar valor a las ideas y técnicas de otros, sino de no menospreciar la fuerza de las nuestras. De ahí la conveniencia de aprender a desaprender, en la medida que el espacio que ocupe en nuestra cabeza la suma de las teorías, técnicas e ideas de otros no sea superior a las que generemos nosotros. Por todo ello. si me atrevo a pedirle algo es que no tenga en cuenta mis palabras. Por favor. no me haga caso. Por favor. escuche sus pensamientos.