Un espejo puede ser el mejor de sus aliados o el peor de sus enemigos. No me refiero esta vez a uno de los inventos humanos más utilizados a lo largo de la historia (prácticamente todas las personas lo utilizamos todos los días). Sin restarle la debida importancia al objeto físico que devuelve las imágenes (que indudablemente la tiene), me gustaría reflexionar sobre otro tipo de espejos. Aquí estaríamos hablando de como los profesionales podríamos obtener el reflejo, no de nuestra imagen física, sino de nuestra actuación profesional.
Porque, y entiendo que estaremos todos de acuerdo, una cosa es lo que hacemos y otra como se percibe lo que hacemos. Una cosa es lo que somos y otra, también muy diferente, cómo se percibe cómo somos. Nos gustaría, creo, poder saber si el valor real de nuestras actuaciones o la proyección de nuestra profesionalidad (acciones + habilidades + talento + conocimientos) en las personas que nos rodean corresponde de manera razonablemente parecida a la que nosotros pensamos que tienen.
Por otra parte, a las personas nos es muy difícil identificar la medida real de nuestros defectos, de nuestras debilidades, de nuestras carencias. Solemos ser muy indulgentes con nosotros mismos o demasiado soberbios a la hora de reconocer nuestras carencias. Como consecuencia nos encontramos con una situación en la que, como no tenemos información de calidad (sobre nosotros mismos), no podemos construir una decisión que nos lleve a una acción por la que seamos cada vez mejores.
La idea es construir un “espejo” de calidad, que refleje la más pura (no cruda) realidad, que nos permita detectar defectos y poder así tener una conciencia clara para corregirlos (si es que queremos).. ¿Cómo? Constrúyalo con la opinión de personas que tengan criterio, honestas, valientes… Deles confianza para que opinen sobre usted y valore y agradezca sus opiniones. No pregunte solo a sus jefes (en el teatro de la vida el papel que representamos ante nuestros jefes es muy diferente al que representamos ante nuestros colaboradores, por ejemplo): hágalo también con sus colegas, proveedores, clientes, … Su familia y amigos también le podrán dar una información muy relevante.
La calidad del espejo mágico que construya dependerá fundamentalmente de la sinceridad de su mirada, de la frecuencia con que se mire, de la calidad de las conclusiones que saque y de las acciones que ponga en marcha para corregir los defectos encontrados. Por ello le decía que un espejo puede ser el mejor de sus aliados o el peor de sus enemigos. Si lo utiliza para mejorar, habrá encontrado una forma a veces cruel (porque a nadie nos gusta mirarnos y encontrar feos defectos en nuestra imagen) pero siempre enriquecedora de mejorar como profesionales y como personas. Pero también podría ser el peor de nuestros enemigos si optamos por seguir engañándonos a nosotros mismos, si erosiona la autoconfianza o si daña nuestras relaciones con las personas que libremente nos han dado su opinión cuando se la hemos pedido (tengan o no tengan razón es su percepción, lo cual siempre tiene valor).
Por favor, no haga como la reina de Blancanieves: no rompa el espejo cuando le digan la verdad. Aceptar las críticas y trabajar en nosotros mismos desde la humildad se irán convirtiendo en una costumbre, formarán parte de nuestro patrimonio profesional. Nosotros y nuestro entorno se irán beneficiando de ello. Es nuestra decisión: construir un espejito mágico o ir todos los días a la oficina sin saber cuál es nuestra imagen real.
Hola Jesús,
Me ha interesado mucho este artículo, quizá porque mi experiencia en espejos y mi manera de abordarlos es algo diferente. Para mi, todas las personas con las que me relaciono son espejos, aunque a veces me cueste mirarme, sobre todo cuando no me gusta lo que veo…
En realidad, su opinión sobre mí me interesa poco porque siempre será una opinión sesgada, cargada con sus propias batallas. En realidad, yo no puedo ver cualidades en alguien que no me pertenecen, pero si puedo ver cualidades mias en alguien, positivas o negativas, que no le pertenecen al otro. Tengo la sensación de que hablamos desde nosotros mismos y sobre nosotros mismos, aunque nos refiramos al otro. Como dice la sabiduría popular, lo que Juan dice de Pepe, define más a Juan que a Pepe…
Deseando leer tu nuevo libro…
Un abrazo,
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